Uno de los peores errores que se cometen cuando se tiene la responsabilidad de conducir o guiar a un equipo u organización al éxito es cambiar de improviso las señales o las reglas, los incentivos o a los responsables de ciertas áreas, por el sólo hecho de probar el poder y dejar ver que uno tiene el control.

A una situación de ese tipo no hay equipo que resista ni jugador que aguante; por lo general se empezarán a ver pronto señales de resistencia o de plano insurrección en todo el equipo. Es muy probable que hasta el personal administrativo y de apoyo entre en una situación de querer aprovechar el aparente desorden y la falta de control para sacar provecho personal, a costa de un daño mayor a toda la organización.

Uno de los temas que exacerbó el daño causado por el error de diciembre fue la percepción generalizada de que las escasas reformas emprendidas habían llevado al país al abismo.

Recordamos al Presidente en turno, que simplemente se enconchó para estabilizar la economía, no propuso más reformas y, al igual que su contrincante en las elecciones, se encargó de satanizar las reformas y decir que ésas habían sido la causa de la debacle de México.

Gracias a esta publicidad, los partidos de oposición ganaron presencia y adeptos, enarbolando la bandera de los daños que las reformas habían causado al país.

Se ha organizado desde entonces una buena cantidad de foros y seminarios, de todo tipo y con los públicos más diversos, en los que se han dedicado muchísimas horas a plantear puntos de vista disímbolos y encontrados que llevan a un rompimiento de lo que supuestamente los foros intentaban fomentar: el debate.

Cada quien sale con su conclusión y punto de vista sin llegar a algo sustantivo. Todavía hoy es lugar común encontrar a muchas instituciones organizando foros para discutir las propuestas más elementales y urgentes para el país sin que realmente se llegue a nada.

Seguimos creciendo muy poco y los especialistas en los temas importantes han sacado sus libros, que no contienen más de lo discutido en los foros desde el inicio, pero que la gente compra con la ilusión de enterarse de algo nuevo y relevante. Los trabajos propositivos brillan por su ausencia y en general se trata de peticiones individuales, sin planteamientos generales.

Al país le urge que pensemos en soluciones sencillas pero muy prácticas y que dejemos de lado la palabrería.

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