La Secretaría de Energía va a meter a la producción de crudo en un dilema, en razón de que no alcanzará para refinación y exportación.

La ceremonia conmemorativa del pasado lunes fue el equivalente a una fiesta en la que el festejado asiste gravemente enfermo. Así se encuentra Pemex: en estado de severa crisis por décadas de malos manejos. Pero prácticamente no hubo alusión a la postración en que se halla la paraestatal. ¿Por qué?

Sin tratar de inventar el hilo negro es relativamente fácil hacer el diagnóstico de los males que han llevado a Pemex a donde está. Se trata de una empresa ordeñada por el huachicol, saqueada por la corrupción de sus funcionarios y líderes sindicales, hipertrofiada por el exceso de personal, sangrada por un régimen tributario que la tiene en la anemia y subadministrada por personal improvisado.

Por desgracia, no se tiene hasta ahora un plan de saneamiento integral, creíble y de largo plazo. El plan de rescate recientemente anunciado no va al fondo de ninguno de los problemas que afligen a la empresa y, en términos coloquiales, equivale a tan sólo una bocanada de oxígeno temporal y por tanto transitoria. No convence y parece que se los recomendó desde ultratumba el expresidente López Portillo: no entrarle al corazón de los problemas, tan sólo echarles cubetadas de dinero.

Como ejemplo, una fórmula para relajar la restricción presupuestal en la que ha vivido Pemex por el régimen tributario que la ahoga era permitir la participación de agentes privados en proyectos de exploración y desarrollo de nuevos yacimientos. Sin embargo, la renuencia del gobierno de AMLO para avanzar por esa vía abre una incógnita más en el laberinto en que se ha perdido la empresa. Asimismo, tampoco se han dado a conocer planes convincentes y bien armados para el combate al huachicol o a la corrupción puertas adentro en la estructura. Y el problema de la hipertrofia por el exceso de personal difícilmente se puede atacar sin un enfrentamiento con el sindicato, productófago y presupuestívoro.

Y el barco empieza a hacer agua por muchos lados. Un caso muy ilustrativo fue dado a conocer por El Economista en su edición de ayer. El plan de refinación que la Secretaría de Energía trae en cartera va a meter a la producción de crudo en un dilema sin solución. ¿Cómo utilizar el crudo que produzca Pemex, para exportarlo o para refinar? Al menos en los plazos corto y mediano no alcanzará para ambas cosas.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico