Lo que el Presidente quiso decir es que los ciudadanos mexicanos podrán adquirir bonos de Petróleos Mexicanos (Pemex) para usarlos como instrumentos de ahorro y así contribuir a la empresa.

Salió rápido a aclarar Felipe Calderón que no quiso insinuar que deberían colocar acciones de Pemex en los mercados bursátiles. Eso es sacrilegio en la liturgia patriotera nacional.

Como sea, en cualquiera de los dos casos, ¿a quién le interesaría invertir en una empresa que tiene un capital negativo de más de 111,000 millones de pesos?

Son tan difíciles las reformas estructurales que pasan por el Congreso en estos tiempos que hasta los priístas bloquean las iniciativas que salen del propio PRI.

Así que pensar en que serán capaces de apoyar en estos tiempos un cambio en Pemex que surja desde la Presidencia panista de la República es muy complicado de creer.

El sentido común ha abandonado a todos, incluida la prensa. Hay medios que, muy espantados, se preguntan cómo se atreve Calderón a proponer una reforma a Pemex cuando sólo falta año y medio para que acabe su sexenio.

Lo malo de este tipo de visiones derrotistas es que contribuyen a la generación de la idea entre la opinión pública de que es muy poco lo que se puede hacer en este país. Como que habría que preguntar a un chino o a un alemán qué podría hacer su país en año y medio.

A pesar de todo, es un hecho, el Presidente tiene la obligación de hacer lo que considere correcto y debe proponer cambios como si supiera que los diputados y senadores lo tomarán en serio, aunque al final todo se vaya a la congeladora.

Destaquemos primero lo frívolo de este nuevo lance reformador: Calderón hace el anuncio de su nueva propuesta para reformar Pemex y convertirla en una empresa similar a Petrobras, en una entrevista en Nueva York en inglés, ante un medio estadounidense.

Seguramente enredado en el idioma, dejó la idea de que propone bursatilizar la empresa, cuando lo único que pretendía era presumir la letra muerta de los bonos ciudadanos de la mal llamada reforma energética del 2008.

A pesar de lo mucho que festinaron los parches legislativos del 2008, quedó muy lejos ese paquete de ser una reforma energética. Fueron, si acaso, algunos aciertos aislados, pero insuficientes para el tamaño del problema.

Ni los consejeros profesionales que han hecho de la petrolera un Babel ni los contratos disfrazados (¿o se llaman incentivados?) han marcado el cambio radical que necesita esta empresa.

Por supuesto que la sola mención de una posible iniciativa es música para los oídos de los que viven de medrar con este tipo de temas.

Personajes como López Obrador, que han sido incapaces de hacer una propuesta seria para este o cualquier otro sector de la actividad nacional, deben estar esperando el banderazo de salida para iniciar una nueva revuelta.

El intento de reforma pasado dejó ver todas las fallas de la clase política mexicana, desde el planteamiento, el mal manejo del partido del Presidente en el Congreso, la mezquindad de los opositores y el secuestro en que incurren los grupos menos numerosos pero más radicales.

Ojalá que Calderón se traiga de regreso a México la confirmación de una propuesta y no quede todo en un simple arranque en el extranjero. De esos que desafortunadamente se les dan a los presidentes cuando viajan. Supongo que se animó a destapar la caja de Pandora con algún cálculo de por medio. Ojalá sea político, pensando en su aprobación, y no sólo electoral pensando en el desprestigio de sus opositores por rechazarlo.

La primera piedra

Acapulco a la mala. Así como defendemos nuestra propiedad de Pemex, pero no sabemos qué hacer con esa empresa. Así el gobierno local de Acapulco, junto con los prestadores de servicios turísticos se sienten los legítimos propietarios del Tianguis Turístico. Si para defender este evento que sienten suyo por derecho de antigüedad, precisa hacer una marcha desde Acapulco que culmine en el Zócalo de la ciudad de México, donde exigirían la renuncia de la Secretaria de Turismo, pues lo van a hacer.

Por lo pronto el primer bloqueo a las instalaciones de la Secretaría de Turismo.

El evento organizado y patrocinado por el gobierno federal será itinerante. Acapulco merece apoyos, sin duda. Pero éstos no tienen que ser obtenidos por un supuesto derecho adquirido y menos a la mala.