Durante los días 14 y 15 de marzo tuvo lugar el World Economic Forum on Latin America, en São Paulo. Uno de los protagonistas del evento fue el exfutbolista brasileño Pelé, quien, durante su intervención, comentaba cómo su ilusión era que Brasil fuera un referente mundial. Le prometió a su padre que le llevaría un Mundial de futbol. Sufrió lesiones, derrotas, contradicciones... al final, consiguió la Copa Mundial.

Cuando fue a ver a su padre, éste le dijo que no se creyera que era mérito de él, sino de Dios. Dios le había dado vocación de futbolista y le encargó el Mundial para Brasil. Pelé consiguió ser un héroe nacional, un símbolo, un ícono de Brasil.

Por otro lado, y casi al mismo tiempo, en la Ciudad de México se llevó a cabo el Foro OCDE México 2018: Un Futuro con Crecimiento e Inclusión, con el objetivo de generar un debate nacional en torno a los principales retos económicos, sociales y ambientales de México en los próximos años.

Uno de los objetivos del encuentro fue la entrega del documento “Getting it right” a los candidatos presidenciales. Es un estudio sobre la situación actual del país y una serie de recomendaciones al respecto.

El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, hizo mucho hincapié en la necesidad de un crecimiento inclusivo. Y Gabriela Ramos, directora de la misma organización, ahondaba en esos términos al reflexionar sobre la necesidad de un cambio en el modelo económico, en donde se necesita un Estado que no sólo corrija, sino que favorezca e impulse el desarrollo económico. Era en el fondo un llamado también, me parece, al mundo empresarial a que reasuma su rol protagónico.

Se nos acercan —irremediablemente— unas elecciones presidenciales. ¿Quién será electo? Aún no se sabe pero, en el fondo, qué importa. No importa porque los verdaderos Pelé de México no son sus presidentes, sino sus empresarios. Ellos son los que “marcan goles” y “consiguen campeonatos” del mundo. Pero, quizás, ellos también necesiten de un papá que les recuerde que no sólo tienen el talento, sino sobre todo la vocación empresarial en su sentido más íntimo y profundo: creación de riqueza a través de una actividad de intercambio, que genera valor a todos los stakeholders involucrados.

Los empresarios tienen un papel especial en el despliegue de la creación. No sólo proporcionan bienes y servicios en mejora continua mediante innovación y el aprovechamiento de la ciencia y la tecnología, sino que ayudan a dar forma a las organizaciones que extenderán este trabajo en el futuro.

Cuando las empresas y las economías de mercado funcionan correctamente y se centran en servir al bien común, ambas realizan una gran contribución al desarrollo de la sociedad.

El verdadero modo en el que los líderes empresariales contribuyen a tal creación es la construcción de sus organizaciones. Y así es como llegarán los campeonatos del mundo que tanto deseamos para México.

*El autor es Profesor del Área de Factor Humano de IPADE Business School.