Podría muy bien ser, como lo señala el historiador Enrique Krauze en su brillante libro reciente El pueblo soy yo, que ya en el poder AMLO se condujera respetando las prácticas republicanas, la división de poderes, las instituciones autónomas, las leyes establecidas y las libertades individuales. Sin embargo, todo en su biografía y en su personalidad indica en sentido contrario. Lo mismo vale, por desgracia, para la política económica que desearía poner en ejecución, empezando por la muy desatinada propuesta de buscar la autosuficiencia alimentaria de México.

Claramente, por razones de estrategia electoral, en el documento que lleva por título “Pejenomics”, sus autores, Esquivel, Márquez, Urzúa y Seade, escribieron lo que convenía decir desde la perspectiva de los intereses electorales del partido para el que trabajan, no las políticas económicas que desde el fondo de su alma les dictaba su corazoncito doctrinal, que lo tienen y bien definido. Siguiendo los dictados de ese corazoncito, seguramente les hubiera encantado proclamar mil programas carísimos sin especificar cómo se van a financiar. También, en razón de que se consideran keynesianos, gastos públicos desbordados en beneficio de todas las clientelas políticas imaginables. No lo han hecho así por que, a pesar de la inmensa desinformación que existe en la opinión pública, todavía se recuerda el desastre que fueron las administraciones económicas de Echeverría y López Portillo. Al respecto, nada más faltaba que Morena anunciara la incorporación en sus filas en calidad de asesores económicos de Carlos Tello y Rolando Cordera.

Así, como era absolutamente indispensable deslindarse del pasado económico de Echeverría y de López Portillo, en “Pejenomics” se incluyeron las promesas de una política de cero endeudamiento y baja inflación. Sin embargo, ese anuncio no puede ser un alivio sino tan sólo un atenuante leve. Esto último en razón de que, en la eventualidad de un triunfo en las urnas, ya en el poder AMLO decidiera olvidar las promesas de campaña y darle vuelo, en concordancia con sus verdaderas convicciones doctrinales, al expansionismo fiscal y monetario desbordado, tal como ocurrió en los fatídicos sexenios de LEA y JLP. La posibilidad es bien real y de ahí mis temores. Después de todo, uno de los rasgos personales más visibles en AMLO es ése: prometer cosas en las que no cree y después olvidarse convenientemente de lo prometido. ¡Así que los temores se encuentran, por desgracia, muy bien fundados!

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico