La clase política española se encuentra más polarizada que la sociedad. Una de sus partes habla como si escribiera tuits: “La agenda que estamos viendo en Cataluña es la agenda de ETA” (Pablo Casado, presidente del Partido Popular —PP—)”.

“Pensaba, pensaba, pensaba”; en 12 ocasiones el periodista Jordi Évole menciona “pensaba” ininterrumpidamente en su intento de concluir un intercambio encarnizado entre Inés Arrimadas (líder de la oposición en Cataluña) e Irene Montero (vocera de Podemos en el Congreso) en su programa de televisión Salvados, la noche del pasado domingo. “Pensaba que iba a ser más fácil”, remata Évole para inmediatamente cambiar de tema.

España amanece hoy bajo uno de los peores temporales políticos en su historia democrática: la segunda temporada del 1-O, o si se prefiere, el nuevo capítulo del referéndum independentista.

Hoy inicia el juicio en contra de 12 políticos y/o líderes de agrupaciones civiles que intentaron independizarse de España en el 2017.

Durante 480 días, España ha debatido el estatus en el que se encuentran los 12 representantes catalanes, incluyendo a Oriol Junqueras, vicepresidente del Govern de la Generalitat de Cataluña hasta el día en que el gobierno del presidente mariano Rajoy aplicó el artículo 155 de la constitución con el objetivo de disolver la autonomía.

480 días no han sido suficientes para esclarecer el estatus de los 12: presos políticos o políticos presos. Lo único cierto es que ambas partes han cometido errores que al parecer son de naturaleza irreversible. De un conjunto de vectores erróneos no puede existir una resultante positiva. Error de Mariano Rajoy al haber subrogado la actividad política en materia catalana a los jueces. Error de Carles Puigdemont por descarrilar el ejercicio político de la constitución a través de dos leyes en las que se iba a soportar la independencia a corto plazo.

Al deconstruir las acusaciones de los jueces resulta, al menos, muy cuestionable definir como “rebelión” lo ocurrido el 21 de septiembre del 2017 en donde una turba cerca durante varias horas a funcionarios del gobierno español en la consejería de Economía del gobierno catalán.

Alrededor del presidente Pedro Sánchez existen dos bloques irreconciliables entre sí: PP, Ciudadanos y Vox cuyo rasgo hipernacionalista los hace correr hacia la ultraderecha.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC, el partido de Oriol Junqueras) y el Partido Europeo Demócrata Catalán (PDeCAT, la agrupación de Carles Puigdemont), atrincherados en el Parlament de Cataluña con una sola carta a negociar: el referéndum independentista.

Entre los dos bloques aparece un casco azul, Pedro Sánchez, cuyo único defecto es dejar correr el tiempo para convocar elecciones lo más tarde posible. Malas noticias. Los independentistas que apoyaron la moción de censura en contra de Rajoy, no aprobarán sus presupuestos.

Los próximos 100 días serán demasiado intensos en España. Pedro Sánchez podría convocar elecciones para el 14 de abril en plena erupción del juicio contra los independentistas.

El escenario es el de una guerra cultural cuyo objetico es optar por el mejor nacionalismo.

Entre más banderas existan se piensa menos.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.