Minutos antes de las 11 de la mañana del pasado sábado 12, hizo tareas de carretaje en la pista que está frente a la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Majestuoso, con sus dos turbinas Rolls Royce desplegadas, el jet tiene en los costados, unas delgadas líneas azul marino y la matrícula ATM-205.

Es el Gulfstream G450, de la Armada de México, adquirido por el gobierno de México a finales del 2008 y que se ha visto sólo en contadísimas ocasiones, como en marzo del año pasado, cuando transportó a parte de la delegación mexicana que participó en la reunión del G-20 en Londres, Inglaterra.

Descendiente directo de los aviones de la serie GIV, tiene las ventanas ovaladas, las alas arqueadas y un precio comercial de 31 millones de dólares. No por nada está catalogado como uno de los mejores business jet del mundo: puede alcanzar una velocidad máxima de funcionamiento de Mach 0.88 y con una tripulación de ocho personas, recorrer 4,350 millas náuticas sin repostar combustible. Y es sumamente confortable: tiene capacidad para alojar hasta 16 pasajeros, con literas para seis. Era la aeronave ideal para un viaje como el que realizó el presidente Felipe Calderón a Sudáfrica para asistir a la inauguración de la Copa Mundial de Futbol.

Pero el uso de este tipo de aeronaves está literalmente proscrito en la administración calderonista. A excepción del titular de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y de los secretarios de la Defensa, Guillermo Galván, y de la Marina, Francisco Javier Saynez, los demás integrantes del gabinete deben transportarse –en teoría– por las líneas comerciales.

Hay contraejemplos recientes. Como el secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, quien a principios de la semana pasada se apersonó en Hermosillo, Sonora, en un avión privado. O el director de Conagua, José Luis Luege Tamargo, quien usa y abusa de la flotilla de helicópteros de esa dependencia federal. Sería bueno conocer la lista de ocupantes y la bitácora de esos vuelos.

Justo hace tres meses se supo de la intención de la Sedena de adquirir un jet Global Express, de Bombardier, que se utilizaría para los traslados del Secretario General y de invitados especiales. El proyecto de inversión fue cancelado por falta de recursos.

Aunque las limitaciones presupuestales no han impedido la modernización de la fuerza persuasiva de la Armada de México, misma que hasta este sexenio era más bien modesta, con sólo siete aviones C-130 de diferentes versiones. Todavía el año pasado se hablaba de la compra de tres aeronaves AN-32, de fabricación rusa. A fin de cuentas, la Fuerza Aérea Mexicana ha realizado adquisiciones incluso más recientes. Hace dos semanas, en Madrid, la armadora EADS oficializó la entrega del primero de los cinco aviones de carga C 295 encargadas por el gobierno calderonista. Se sumarán, igual, a la flota aérea de la Armada de México, que desde el año pasado ya cuenta con dos CN 235 en versión de Patrulla Marítima que la multinacional entregó en abril pasado y otros dos C 295.

El fabricante informó de la entrega del primero de los turbohélices, pintado de un gris blanquecino y luce la matrícula 3201 en los costados. Ahora mismo, su tripulación inicia una capacitación intensiva en el Centro de Adiestramiento de Airbus Military en Sevilla. Al término del curso, dentro de dos semanas, trasladarán las dos unidades a México. Y otras tres serán entregadas antes de que termine este 2010. Así pues, el gobierno de México suma 12 aparatos de tamaño medio y ligero fabricados por Airbus Military, que se ha convertido en su principal proveedor de aeronaves de guerra. Ahora mismo, la Fuerza Aérea Mexicana dispone de siete C 212 equipados con el sistema de misión FITS (sistema táctico integrado, por su sigla en inglés), más los cinco de Patrulla Marítima.

EFECTOS SECUNDARIOS

¿ESPONTÁNEO? Hubo un colado en la comitiva de Felipe Calderón en su visita a Sudáfrica: el titular de ProMéxico, Bruno Ferrari, quien se inventó una comisión de trabajo para estar en la inauguración y pegársele a la comitiva presidencial en la que no estaba considerado. ¿Qué casualidad, no? Eso sí, con todos los gastos pagados por el erario... como los recientes viajes que realizó por Shanghai para supervisar el funcionamiento del pabellón mexicano en la Expo Mundial 2010.

INTIMIDADOS. Convocados por Grupo Modelo y el gobierno de Michoacán, un grupo de comunicadores radicados en Morelia viajaron, la madrugada del viernes, rumbo al litoral de Michoacán. Entre empleados de la firma cervecera, reporteros, fotógrafos y videastas había una treintena de personas. Sólo pudieron agotar el primer punto de esta gira de tres días que inició en el puerto de Lázaro Cárdenas. Mientras transitaban por la carretera costera fueron interceptados por un grupo y retenidos contra su voluntad. A los periodistas les quitaron su equipo y después de algunas horas los dejaron ir, pero los empleados de Grupo Modelo quedaron como rehenes. Al principio se pensó que se trataba de narcotraficantes. Después se supo que se trató de comuneros del ejido de Pichilinguito con el gobierno estatal y la empresa.