Los sistemas ganaderos pastoriles son muy importantes en México. Ocupan más de la mitad del territorio nacional y representan millones de empleos y unidades productivas. La crianza de rumiantes y la mayor parte de sus engordas se hacen bajo pastoreo, además de otros sistemas productivos, como la lechería tropical, la producción de equinos y otros.

Estos sistemas hacen un uso mínimo de granos y alimentos comprados. Esta cualidad es una ventaja que ahora se acrecienta, cuando los alimentos están llegando a precios máximos. Sin embargo, enfrentan también problemas y limitaciones que les impiden crecer o desarrollarse con todo su potencial. Uno muy importante es el daño ambiental que ha provocado.

Además de culpas ya antes asumidas -desmontes, erosión y reducción de biodiversidad-, ahora, que sabemos del calentamiento global causado por el hombre, se mostró que la fermentación ruminal contribuye a la acumulación atmosférica de Gases de Efecto Invernadero (GEI), la causa inmediata del calentamiento.

Del forraje que consume un rumiante, digiere 60 a 80% y de esa cantidad digerida, 4 a 8% se convierte en metano y es expulsado al aire.

En México, se atribuyeron a la fermentación de herbívoros 5% de las emisiones nacionales de GEI (Instituto Nacional de Ecología, 2006).

Los ganaderos deben responder a esto no para expiar culpas, sino para proteger su mercado y su negocio. En el pasado Congreso de la Asociación Mexicana de Engordadores de Ganado, la Dra. Mc Geough resumió las posibilidades de reducir las emisiones de metano ruminal, en cuatro vertientes:

1.Cambios dietéticos, como añadir grasas y granos, más leguminosas y ensilados de forrajes de cereales como maíz y sorgo.

2.Mejor administración de ranchos, en cuanto a mayor eficiencia reproductiva y longevidad del pie de cría y reducción del periodo de engorda.

3.Selección genética, favoreciendo dos características: la eficiencia de alimentación y la reducción de emisión de metano por unidad de alimento ingerida.

4.Alteración del patrón fermentativo ruminal, usando sustancias vegetales, probióticos o aditivos que reducen los microbios que dan lugar al metano.

Una combinación factible y rentable de estas estrategias podría alcanzar a reducir 50 % de las emisiones de GEI de origen ruminal.

Además, se puede contrarrestar las emisiones con captura de carbono mediante el aumento de la materia orgánica en el suelo de una pradera y con árboles presentes en un sistema silvopastoril. Debemos actuar y ofrecer una respuesta clara y documentada, en defensa del mundo.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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