Un punto de coincidencia en los debates sobre la pertinencia o no de ajustar a la baja el financiamiento público que se destina a los partidos políticos cada año es la necesidad de que cualquier recurso que utilicen sea siempre transparente y sujeto a controles democráticos de fiscalización.

En general, veo que se reconoce entre analistas con opiniones diversas que es válida la garantía de financiamiento suficiente (no excesivo) para que se desarrollen con independencia las actividades electorales y ordinarias de los institutos políticos. Hay claridad en que la fórmula con la que se calculan los dineros públicos que se asignan a partidos tiene base constitucional, que eso impide recortes presupuestales a lo ahí mandatado por algún decreto o decisión unilateral, que no puede cambiarse esa definición sin cambiar la Constitución pero que sí hay opciones serias sobre la mesa para detonar esos cambios, los cuales, podrían eventualmente prosperar y con ello bajarle a las cifras siempre que se genere el respectivo consenso parlamentario.

No sabemos si ese acuerdo llegue pronto, pero sí podemos decir que hoy existe en los hechos, a tres años del nacimiento del Instituto Nacional Electoral, una disminución considerable a las finanzas de los partidos que paradójicamente no es la más deseable. No de esta forma.

En ese lapso de tiempo y en conjunto (aunque unos aportan más que otros), los partidos acumularon multas por 718 millones 518, 532 pesos, sumando las sanciones por conductas violatorias a diversas reglas de competencia junto a las que provienen de faltas detectadas en la fiscalización periódica de sus ingresos y gastos.

Al ser multados recurrentemente, algunos (no todos) ven acotada su base de financiamiento y eso implica una reducción obligatoria a sus prerrogativas (los descuentos por sanciones firmes), en este caso, un método de racionalidad en el gasto no deseable, porque proviene de corroborar que en aspectos de diferente gravedad se violó la ley electoral y eso significó una multa. La cifra no es tan marginal. Representa 17.36% del financiamiento total que este 2017 se otorga a los nueve partidos que existen a nivel nacional (5.78% dividido en los tres años). Por citar un ejemplo, con eso alcanzaría para cubrir la totalidad de recursos asignados este año a los dos partidos de más reciente registro y sobrarían más de 70 millones todavía.

La austeridad y racionalidad en el gasto que se destina a la política es una discusión vigente que debe alejarse de satanizar a partidos y actores políticos. La vida partidista es clave en cualquier modelo que se asuma democrático pero eso no implica clausurar una perspectiva analítica de las cosas que puede mejorarse como es la fórmula de financiamiento.

Independientemente de lo que resuelva el Congreso en un futuro, creo que hay precedentes incluso jurisdiccionales que convierten la perspectiva de austeridad en una obligación a tomarse en cuenta por el entorno partidista, con o sin modificaciones a la fórmula de ley.

El 2 de diciembre del 2015 el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó que recursos no ejercidos o no comprobados por partidos, cuando fueran de la bolsa etiquetada para campaña, debían regresarse a la hacienda pública, algo que no había ocurrido antes de aquella resolución. Sostuvo la Sala Superior al respecto: Debe considerarse que el mandato constitucional está encaminado a lograr un compromiso real y efectivo con los principios de racionalidad y austeridad que deben prevalecer en las finanzas del país (SUP-RAP-0647/2015).

Las finanzas solventes de los partidos son tan necesarias como el compromiso con la optimización de los recursos y la disminución de conductas sancionables en un porcentaje que libere el gasto en multas y demuestre que es posible bajar presupuesto sin afectar actividades, siempre que lo que sea marginal sea el monto de sanciones y lo que sí disminuya sean las faltas a las reglas de la competencia y a las reglas ya previstas para la contabilidad de los ingresos y gastos.

*Consejero electoral del INE.

Twitter:@MarcoBanos