La mudanza del Aeropuerto Internacional Benito Juárez anticipó un debate sobre el destino que tendrán las instalaciones que actualmente ocupan las dos terminales de pasajeros ubicadas al pie del Peñón de los Baños.

El estudio de alternativas de desarrollo de los terrenos del actual AICM, presentados hace un año por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, encausa hacia la creación de un bosque metropolitano en 670 hectáreas de las reservas federales, aledañas al nuevo edificio que construirá en los próximos cinco años.

En el AICM quedarían nuevas áreas verdes , según esa propuesta. Pero la administración de Miguel Ángel Mancera, a través del secretario de Desarrollo Económico, Salomón Chertorivski, quiso provocar un debate público para definir el destino de esas instalaciones estratégicas, donde lo mismo podría habilitarse una universidad, que un megacentro comercial o un complejo habitacional...

El correlato de esa disyuntiva implica asumir que la recuperación ambiental no es urgente en la zona oriente de la megalópolis. Y que el Bosque de San Juan de Aragón se mantendría como el único pulmón verde en las inmediaciones de Iztapalapa.

Casi sin modificaciones, ese espacio público ha sobrevivido cinco décadas con una afluencia anual de 3.5 millones de visitantes, atraídos por el zoológico y las áreas de esparcimiento. Aunque amplias zonas del parque permanecen aisladas, lo cual genera vandalismo e inseguridad, sus principales problemas son de índole ecológico, por la tala inmoderada de árboles, la acumulación de basura y la contaminación del agua.

La falta de recursos públicos para su mantenimiento es contrastante con los sustentos que dan viabilidad al Parque de Xochitla como modelo para la generación de nuevos espacios públicos y pulmones verdes en la zona metropolitana. Ubicada en Tepotzotlán, esta reserva natural de 70 hectáreas fue entregada a una fundación filantópica que opera el parque a través de un fideicomiso independiente, cuyos ingresos son canalizados al mantenimiento de las instalaciones y también, al desarrollo de proyectos ambientales y comunitarios en aquella región de la entidad mexiquense.

Ambos casos fueron analizados por los arquitectos Víctor Márquez y Ángeles Miranda, quienes a petición de la Asociación de Colonos de Santa Fe, diseñaron el proyecto de un parque urbano que ocuparía las 42 hectáreas del predio La Mexicana. Es una contrapropuesta vecinal al plan de las administraciones perredistas de edificar 5,000 viviendas de interés social en las cercanías del distrito comercial y corporativo que se ha desarrollado al poniente de la ciudad de México.

Aunque inicialmente fue pensada como una zona de oficinas, los cambios en su zonificación promovieron la construcción de viviendas, mayormente de lujo, en fraccionamientos de acceso restringido.

La nueva dinámica propiciada por el Programa Parcial de Desarrollo Urbano que autorizó la Asamblea Legislativa convenció a ambientalistas, expertos y empresarios para respaldar la iniciativa vecinal del parque urbano en La Mexicana. Pero un proyecto de esa envergadura significaría un alto costo para las autoridades locales.

De un lado, los residentes de Santa Fe y los directivos de los corporativos, convencidos de la necesidad de habilitar espacios públicos de interacción social junto a los condominios y la zona de oficinas, que al mismo tiempo contribuyeran a mejorar las condiciones medioambientales. En el otro extremo, las autoridades y los desarrolladores inmobiliarios, convencidos del potencial económico que implicaría la desincorporación y posterior privatización del terreno.

Las negociaciones entre los vecinos y las autoridades se vieron empañadas por la noticia de que la agencia de promoción PROCDMX, que encabeza Simón Levy, tenía intenciones de licitar un parque lineal, en la lateral de la autopista México-Toluca. Pero hace tres meses, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, anunció que en La Mexicana ya no se construirían viviendas.

El parque urbano, propusieron las autoridades, sería factible si la propuesta original ocupara 30 de las 42 hectáreas del predio. El diseño del despacho contempla jardines, fuentes y espejos de agua; huertos, canchas para futbol y basquetbol; pista para correr, foso para patinetas, mercado público, guardería y la primera estación de bomberos de la zona.

La necesidad de autofinanciamiento e ingresos para la operación forzaron a contemplar dos anclas: estacionamientos, un complejo de locales comerciales y oficinas además del centro de servicios públicos o un jardín gastronómico .

La propuesta vecinal, sobre todo, privilegia la creación de un parque en el que los flujos continuos, más que las tecnologías, propicien la seguridad; con un sistema perimetral de movilidad en el que caminar, correr o pedalear en un trayecto de varios kilómetros, sea posible. Y para una adecuada accesibilidad, la apertura de tres paraderos de transporte público, con la puerta norte como conector principal con la nueva estación del tren interurbano.

El parque, el centro comunitario y las áreas rentables (estacionamientos, mercado, locales comerciales oficinas y restaurantes) necesitarían, de acuerdo con el proyecto original, de una inversión inicial mínima de 1,335 millones de pesos. Y la operación de este nuevo espacio de convivencia según el plan maestro requeriría de un fideicomiso, que tendría que garantizar un ingreso mínimo de 44 millones de pesos anuales para su adecuado funcionamiento.

Aun en las dimensiones que lo cedería el gobierno capitalino, el predio de La Mexicana albergaría al parque más grande de la ciudad de México, más que Chapultepec y Aragón, o el parque ecológico de Xochitla.

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