Conforme crece la preocupación en muchos países, por el elevado nivel de sus déficit fiscales y deuda gubernamental, y la consecuente presión de apretar el cinturón presupuestal, elevar los ingresos del gobierno o una combinación de ambos, surgen voces estridentes que exigen más gasto deficitario.

Quienes calificó como manirrotos piensan que es prematuro que los gobiernos de países con altos déficit y deuda dejen el camino de los estímulos fiscales, que tomaron hace dos años para enfrentar la crisis, porque la recuperación económica conseguida hasta ahora no se ha consolidado y podría abortarse.

Los parcos , por su parte, creen que los mercados financieros que castigan ya con severidad a los países que consideran mantienen situaciones financieras indefendibles, como Grecia y otras naciones europeas altamente endeudadas, imponen la necesidad de enmendar el camino y restaurar el equilibrio fiscal.

Robert Skidelsky, el biógrafo más reconocido de John Maynard Keynes, gurú máximo de los manirrotos, cuestionaba la semana pasada en el Financial Times: ¿Quién manda, los gobiernos o los mercados financieros? Con la tesis que los déficit elevados son indispensables para apoyar la recuperación económica.

Por su parte, Paul Krugman, quien muestra una esquizofrenia cada vez más aguda entre el académico que merecidamente ganó el Premio Nobel y el propagandista más extremo de los manirrotos en Estados Unidos, afirmó la semana pasada en el New York Times: Súbitamente crear empleos ya no está de moda, mientras que causar sufrimiento sí lo está .

Krugman se refería al más reciente y hasta ahora fallido intento de la administración de Barack Obama por conseguir la aprobación de un nuevo paquete de estímulo fiscal, que incluiría gasto adicional indispensable para evitar el despido de 300,000 maestros , según el dicho de su gobierno.

El principal argumento de los parcos en ese país es que dado su gigantesco déficit fiscal, superior a 11% del PIB, y su elevada y creciente deuda, lo que le está ocurriendo en las naciones europeas con finanzas públicas precarias es un claro aviso de lo que les sucederá a ellos tarde o temprano.

La respuesta de quién tiene la razón en esta controversia radica en qué tan efectivo ha resultado ejercer un crecido gasto gubernamental deficitario para generar mayor empleo y crecimiento económico.

Para empezar, el enorme déficit público actual en Estados Unidos, resultado de los sucesivos paquetes de estímulo adoptados hasta ahora, que ya equivalen al gasto total del gobierno ejercido en 1997, no ha logrado que la tasa de desempleo baje de cerca de 10% de la Población Económicamente Activa.

El argumento que sustenta que el desem­pleo sería mucho mayor de no haberse desembolsado lo que se gastó, no tiene validez analítica, al ser una falacia lógica, pues resulta imposible afirmar qué hubiera pasado de no haber ocurrido lo que ocurrió.

Una mirada a la historia ayuda a aclarar el enigma. Al término de la Segunda Guerra Mundial, los manirrotos temían que el fin del estímulo ejercido por el enorme gasto bélico realizado por EU, que dio empleo forzado a 20% de la fuerza de trabajo, conduciría a una nueva depresión como la previa a la guerra.

Para impedirlo, los manirrotos proponían que el gobierno evitara liquidar al Ejército, cerrar las fábricas de armas, dejar de construir barcos y aviones, y eliminar los mandos económicos impuestos para la guerra, como racionamiento, control generalizado de precios y planeación gubernamental en las vidas cotidianas de los ciudadanos.

La administración del Presidente de EU Harry Truman (1945-53) no atendió tal sugerencia, el gasto federal cayó a la tercera parte en 1946 respecto del ejercido el año anterior y se inició la acelerada amortización de la enorme deuda acumulada durante la guerra, que había alcanzado 120% del PIB.

¿Cuál fue el resultado? No ocurrió la debacle prevista por los manirrotos: la tasa de desempleo se mantuvo en niveles reducidos, el gasto privado se recuperó en forma vigorosa y la tasa de crecimiento de la economía fue elevada y sostenida por dos décadas.

Tendremos que esperar para ver quién prevalece en esta ocasión, los manirrotos o los parcos, y con qué resultados.

Me temo que en caso de predominar los manirrotos, las consecuencias negativas para la economía mundial serán muy graves.