Ahora que la Secretaría de Hacienda de José Antonio Meade y el subsecretario de Egresos, Fernando Galindo, están buscando cómo ahorrar dinero del gasto para que empiece a notarse la recuperación de la salud financiera del país, bien harían en voltear a ver si ese elefante blanco llamado Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) realmente está funcionando.

Durante muchos sexenios la Profeco ha sido utilizada como cementerio de elefantes, donde son refugiados políticos que están de paso, o bien, que entregan como premio de consolación a aquellos que no consiguieron lo que realmente querían.

Hay a lo largo de la historia nombres impresentables de titulares de esta oficina que está claro que saben de todo menos de defender a los consumidores. Hay otros casos honrosos de exprocuradores del consumidor que puede ser que no hayan pedido el puesto, pero una vez ahí han sabido hacer un buen trabajo, pero de verdad son los menos.

Este sexenio inició con un titular de Profeco que claramente cazó la chamba por la cercanía con el presidente. Sin embargo, una hija imprudente que se subió en el ladrillito del papá burócrata influyente, le costó el puesto a Humberto Benítez Treviño.

Tras las travesuras de #LadyProfeco llegó al relevo el tan híperactivo como cercano al presidente, Alfredo Castillo. Puede ser esa una de las mejores épocas de la dependencia encargada de la defensa de los consumidores porque en el breve tiempo que estuvo ahí, pisó muchos callos que habitualmente eran intocables.

No duró ni ocho meses el gusto de tener un procurador del consumidor que funcionaba, cuando su jefe y amigo, el presidente Peña Nieto lo nombró embajador de facto de Michoacán, bajo la figura de comisionado de la Secretaría de Gobernación en esa entidad.

Entonces, otra vez quedó la Profeco como un puesto para rellenar con motivaciones políticas. Y así fue, a la silla llegó la priista Lorena Martínez que tenía necesidad de escaparate entre su salida de la presidencia municipal de la ciudad de Aguascalientes y su claro propósito de competir por la gubernatura de ese estado, que al final no consiguió.

Una vez más casi 1,000 millones de pesos de presupuesto para esta dependencia fueron puestos al servicio de un trabajo temporal.

Porque es un hecho, una labor como defender a los consumidores de un país como México, donde hay un alto grado de concentración en los negocios, no es una tarea fácil. Muchas de las quejas de los consumidores provienen de aquellas actividades donde ha habido monopolios estatales, como gas, gasolinas o electricidad. Otras quejas más derivan de sectores donde sólo hay dos competidores.

No sirve un procurador temporal, ocupado en sus propios proyectos políticos, para esta defensa tan difícil.

Y ahora, una vez más, otro político del Estado de México, cercano al presidente Peña Nieto ha usado como alfombra de paso a la Profeco. Ernesto Nemer regresa a donde más late su corazón, a la política mexiquense, como coordinador de campaña de su partido el Partido Revolucionario Institucional, seguro lo hará muy bien. ¿Y la Profeco? Bien gracias.

Es por eso que vale la pena preguntase si no es mejor ahorrarse ese dinero, repartir las funciones que debería hacer la Profeco a otras oficinas y terminar con esa simulación de defensa del consumidor.