Quizá lo primero que habría que decir sobre El hueco de la mano, es que se trata de un libro inusual. Primero porque es el primero de ese tipo para sus autores, segundo porque se trata de un libro de poemas/canciones/reportaje/fotografía.

El volumen fue editado casi en forma simultánea en Inglaterra, EEUU y nuestro país. Aquí lo edita Sexto Piso, una editorial que lleva el riesgo la sangre, y no tiene miedo en apostar por el arte antes que por el mercado.

El libro recoge tres viajes que realizaron P.J. Harvey y Seamus Murphy a Kosovo, Afganistán y Washington. Y alterna los poemas/canciones de la Harvey con fotografías a color y blanco y negro de Murphy. Es la segunda colaboración de ambos creadores, después de los 12 cortos filmados por Murphy para acompañar el disco previo de Harvey.

El libro se vuelve también una suerte de anticipo, tanto del documental filmado por Murphy a propósito de los viajes, como del nuevo disco de Harvey (ambos a presentarse el próximo año).

Después del éxito del excepcional Let England Shake (2011), probablemente el mejor de su inusual discografía, Harvey recibió la Orden del Imperio Británico. Como suele suceder después de una obra mayor, se especuló que su siguiente disco sería una decepción. En enero, Harvey empezó a grabar el frente una audiencia en vivo. Se reportó que las letras serían tan políticamente cargadas como su predecesor, pero dirigido a una audiencia global y con arreglos instrumentales sofisticados. Es el tipo de reporte que no ayuda mucho.

La carrera musical de Harvey ha oscilado entre el rock alternativo, el art rock, los blues punk y la música experimental. Excéntrica, no ha tenido reparo en asumir posiciones públicas polémicas, el mito del artista torturado es popular, pero es pura basura declaró alguna vez a The Times.

Es la primera vez que publica poesía en forma de libro ( aunque es perfectamente aceptable argumentar sus canciones son precisamente eso). Hay algo por igual congruente e inquietante en su estilo estético.

El centro de la carrera de Murphy es el fotoperiodismo, por lo menos lo que le ha valido el reconocimiento internacional. Su libro más conocido es A Darkness Visible: Afghanistan, que después convirtió en un cortometraje documental, abrazando su segunda y natural vocación como cinematógrafo. De ahí nace su colaboración con Harvey, esos doce cortos más cercanos, en su lenguaje, al séptimo arte que al videoclip.

El hueco de la mano está dividido en tres secciones, una para Kosovo, una para Afganistán y una para Washington. Inicia con los poemas de Harvey editados en forma bilingüe, y después con las fotografías de Murphy. La decisión editorial es afortunada, porque nos permite inundarnos con las imágenes poéticas antes que las fotografías le pongan color y rostro a las emociones. El efecto es un golpe doble. El primero en el texto, sean las aldeas abandonadas de muros agujerados de Kosovo, los niños entre ruinas, la anciana que custodia la aldea vacía con un manojo de llaves que nadie usa. La alegría violenta y desesperada de Afganistán, la cáscara de un tanque quemado, los niños y mendigos, un dólar, mister, como mantra interminable.

And sounds of weeping came instead of music.

And I walked out trembling and pushed my face into the soil.

And sounds of weeping came instead of words or speeches.

And dark evenings arrived at dawn and wailing rose from the village.

Es una fortuna que la edición del libro sea bilingüe, las palabras en inglés en la página izquierda y su traducción a la derecha. Particularmente porque esta última es muy deficiente. Me queda claro que es difícil traducir poesía, pero más aún cuando se recurre a la literalidad y se apunta a la neutralidad lingüística. El lenguaje de Harvey es todo menos neutro, la traducción de Pedro Carmona intenta pasarla por un rasero semiótico: en una línea explica de más, en la siguiente se le va la palabra clave.

Lo que no necesita traducción son las imágenes de Murphy. Algunas son una bofetada que quita el aliento. No sólo por su contundencia periodística, sino por la desoladora concatenación de despojos, basura, miradas desoladas, manos marcadas y naturaleza destruida, inundada por la lectura previa de los poemas. Ambos artistas visitaron el infierno en la tierra, y su mirada no es romántica o complaciente, sino empática y dolida; no importa si son las calles destruidas de los Balcanes, las aldeas afganas o los barrios inundados por droga y crimen en la capital de la potencia mundial. Y aún así, cabe la aclaración: la visita a la capital estadounidense no es un ejercicio de militancia pacifista facilona.

El vínculo entre vencedor y vencido, entre el visitante que no se va aunque le arrojen piedras, y las casas abandonadas de uno y otros, nunca más aparente que en Two Cemeteries, un poema que alterna lápidas entre Afganistán y Washington: entre el mercado de cabras y los memoriales de guerra.

Twitter @rgarciamainou