No hay un solo partido político en el mundo que incluya en su plataforma la propuesta para que la gente viva menos. No creo que exista un candidato que sea tan desalmado para sugerir que el envejecimiento es un riesgo para sus países, aunque alguno lo piense en privado.

Y sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sí considera que el envejecimiento de las personas es un riesgo sobre el que hay que actuar. Y los pone por escrito a todo lo alto.

Así consta en la nota de prensa sobre un documento del organismo cuyo título no deja lugar a las dudas: El impacto financiero del riesgo de longevidad . En este documento preparado para la reunión de primavera que el FMI y el Banco Mundial celebran de manera conjunta en Washington a lo largo de esta semana, se habla sin ambages de las implicaciones de que la gente viva más de lo esperado , puesto que acarrearán aumentos de costos para los gobiernos, los sistemas de seguridad social, las compañías aseguradoras y los individuos que no tienen pensiones garantizadas.

Ante esto, proponen una receta que aumentan los costes para la población trabajadora: la gente tiene qué trabajar más años para aspirar a una jubilación y esta reforma debe imponerse de manera voluntaria u obligatoria, advierte el FMI; además se debe aumentar las contribuciones de los propios trabajadores y, finalmente, las pensiones futuras deben recortarse.

Los economistas del FMI sugieren, incluso, a los gobiernos una salida tramposa para los trabajadores-pensionados: que los convenzan de postergar la jubilación con más años de trabajo, al cabo que los años laborados implican menos años de vida y por tanto de pago de jubilación.

Cuando leí la nota con la reseña del documento no podía creer la extrema frialdad con la que los tecnócratas del FMI hablan del riesgo de que la gente viva más de lo esperado . No parece que hablen de vidas humanas sino del inventario de mercancías que ocupan un lugar innecesario en la bodega.

Es, sin duda, un caso ejemplar de cinismo capitalista. Es al mismo tiempo una muestra clara de la crisis capitalista por la que atravesamos. No se trata únicamente del balance financiero en el que ponen énfasis los despiadados expertos del FMI, se trata sobre todo de una crisis ética del propio capitalismo.

Desde su expansión hace 500 años a partir del occidente de Europa, el capitalismo ha despojado, depredado, explotado, pero al menos ofrecía a sus poblaciones centrales expectativa de mejoría de vida.

Ahora, tal como lo dicen con total cinismo los expertos del FMI, es un riesgo que la población viva más.

La pregunta no es sólo cómo es que los gobiernos del mundo dejan que estos fríos y calculadores expertos diseñen sus políticas públicas, sino cómo el propio capitalismo ha llegado a tal ruptura de un compromiso ético, así sea publicitario.

Pero hay una ventaja. El lenguaje crudo y calculador de los dirigentes mundiales muestran con mayor elocuencia que no hay salida a la actual crisis dentro de los proyectos que ofrecen los capitalistas, sean gobernantes o grandes empresarios. Muestran que la salida a la actual crisis debe construirse a partir de otras relaciones sociales y con otro horizonte ético, uno que sí se comprometa con la humanidad. A menos que no queramos que ni nosotros ni nuestros hijos vivan más años.

rubenmartinmartin@gmail.com

Twitter: @rmartin1011