El apretón fiscal que enfrentan varias economías, ?en especial Estados Unidos, es el principal foco rojo.

El 2012 fue un año complicado, marcado por cinco temas dominantes: i) el deterioro de la crisis soberana en Europa; ii) el creciente papel de los bancos centrales como proveedores de liquidez ilimitada para financiar los déficit del mundo desarrollado; iii) la magnitud de la desaceleración en China; iv) la amenaza de un ajuste fiscal en el mundo desarrollado y principalmente en Estados Unidos, y v) el estancamiento de la economía europea a pesar de un desenlace ordenado de la crisis.

Después de algunos episodios de incertidumbre y ansiedad provocados por los eventos mencionados en el párrafo anterior, el crecimiento económico global en el 2012 tuvo un desempeño en línea con lo esperado a finales del 2011. Aunque varias de las preocupaciones que provocaron incertidumbre y ansiedad en el 2012 siguen vigentes, el panorama para el 2013 parece un poco más alentador.

A diferencia del 2012, el principal riesgo para la economía global en el 2013 ya no se llama Europa. Ahora, el principal riesgo está en el apretón fiscal que enfrentan varias economías, de manera preponderante, Estados Unidos.

Aunque gran parte de la economía global enfrenta una restricción fiscal importante en el 2013, se espera que los bancos centrales del mundo desarrollado sigan cargando con la titánica labor de mantener –en el caso de la Fed– o incluso incrementar –en el caso del BCE y el Banco Central de Japón– los estímulos para apuntalar la recuperación y el empleo. Adicionalmente, la Casa Blanca y el Congreso han llegado a un acuerdo parcial para evitar una restricción fiscal mayúscula. Aunque el acuerdo está incompleto, el Partido Republicano, por fin, accedió a la aprobación de medidas para que el gobierno incremente sus ingresos.

El acuerdo completo ahora depende de la Casa Blanca, que debe comprometerse a reducciones importantes en el gasto público para alcanzar un acuerdo de reducción ordenada y gradual del déficit fiscal. Como hemos mencionado en este espacio, la economía global ha venido presentando una clara dicotomía: los países desarrollados, creciendo a tasas anémicas, y el mundo emergente –sobre todo Asia–, fungiendo como los principales motores de crecimiento global. Ahora, la dicotomía se presenta también dentro del mundo desarrollado. Mientras que la recuperación en EU comienza a ganar mayor tracción y variables como el empleo comienzan a mostrar una tendencia más saludable, Europa y Japón parecen hundirse en una recesión multianual.

Los expertos coinciden en que la desaceleración de la economía global en el 2012 no se agudizará en el 2013 y que el ritmo estimado de crecimiento de 2.5% estará ligeramente por arriba de 2.3% esperado para el 2012. Las economías emergentes podrían presentar una aceleración de un ritmo actual cercano a 4.6 a 5.0% -gran parte de esta aceleración viene de una ligera recuperación en la tasa de crecimiento en China de 7.5 a 8.1% y una aceleración en América Latina, donde el crecimiento podría alcanzar 3.6% en el 2013 vs 2.5% en el 2012.

Esta mejoría en América Latina está anclada en una recuperación importante en Brasil, que podría crecer cerca de 3.5% después de crecer apenas 1.0% en el 2012. Por otro lado, el mundo desarrollado debe seguir creciendo a una tasa cercana a 1.0%, ritmo similar al del 2012. Dentro del mundo desarrollado, se espera una importante desaceleración en Japón – de 2 a 0.5%, una contracción en Europa de menor magnitud a la del 2012 – cerca de 0.1% vs 0.5% en el 2012 - y un crecimiento en Estados Unidos similar a 2.3% del 2012.

No obstante, Estados Unidos podría tener una desaceleración considerable, a niveles de 1.5%, si la Casa Blanca y el Congreso no llegan a un acuerdo para resolver de fondo el déficit fiscal y autorizar un aumento en el límite máximo de endeudamiento para el gobierno antes del 1 de marzo. Aunque la perspectiva del 2013 es similar a la del 2012 en términos de crecimiento económico, pareciera que los riesgos más catastróficos en términos de disrupciones de mercado –léase Europa– han sido mitigados de manera considerable.

No obstante, esta mitigación ha requerido y seguirá requiriendo de una intervención descomunal de los bancos centrales cuyas consecuencias son todavía desconocidas.

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