En la reciente Asamblea General de Naciones Unidas, el Secretario General señaló que tanto la pandemia como el cambio climático son actualmente la principal amenaza mundial. Los países han sido reprobados en ética al no asumir una responsabilidad solidaria.

Resulta evidente que mientras la población de muchos países sigue esperando ser vacunada, la de otros ya lo hicieron y van por una tercera dosis.

Los contrastes de población vacunada son alarmantes: en América Latina, mientras en Uruguay se ha vacunado 75% de la población adulta; en Haití sólo ha sido 0.3%; en Europa, Portugal registra 87% y Ucrania 15%; en Emiratos Árabes se tiene 90%, Yemen 1%; en África 4%, mientras en Marruecos se vacunó 55%, en la República del Congo sólo 0.1% por ciento.

Mientras todo el mundo no esté vacunado, la pandemia no desaparecerá. Un texto de la Organización Mundial de la Salud dice: “Frente a una pandemia que se mueve rápido, nadie estará seguro a menos que todos estén seguros”. Y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, acaba de señalar que “la vacunación es la principal política económica”.

En los países pobres se esperan milagros que no llegarán. En Europa se han administrado 550 millones de vacunas, 76%  de la población adulta vacunada. La Unión Europea anunció la creación de HERA, la autoridad para la preparación y la respuesta a las enfermedades sanitarias, un organismo que trabajará conjuntamente con la Agencia Europea de medicamentos y El Centro Europeo para la prevención y el Control de las enfermedades.

Para HERA se van a destinar 10,000 millones de euros. Instituciones similares existen en Estados Unidos.

El ejemplo europeo nos está diciendo que no basta vacunar, de suyo importante, sino tener las instituciones sanitarias que permitan vencer a la actual pandemia y evitar otras futuras.

En la reunión de la ONU se planteó la lentitud de los gobiernos en tomar las decisiones para reducir los riesgos del cambio climático. Si bien los países se comprometieron a reducir hasta 45% las emisiones de gases de efecto invernadero, el problema es que si se continúa con el bajo ritmo actual sólo se lograría una tercera parte del plan previsto firmado por 189 países. Si no se aceleran las decisiones nacionales, ocurrirán más desastres naturales como son tormentas, terremotos, incendios e inundaciones.

Asociado al llamado de la ONU para revertir la crisis climática, la OMS acaba de reducir los límites de contaminación para mejorar la calidad del aire y la salud. La decisión es totalmente justificable debido a los efectos nocivos que produce. Cada año mueren siete millones de personas a causa de la contaminación.

Los  países más contaminantes son China que produce 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero; le siguen  Estados Unidos con 13% e India con 7 por ciento. En total, estos tres países representan 50% de este daño.

Revertir el daño que el hombre ha causado a la naturaleza y a sí mismo, es el mensaje que nos deja la pandemia.

smota@eleconomista.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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