Como un distractor más para no enfrentar la responsabilidad del desastroso manejo de la pandemia y la economía, López Obrador dio a conocer la semana pasada su Guía Ética para la Transformación de México. Se trata de un panfleto que recomienda 20 principios y valores para el buen comportamiento de los ciudadanos. Son “para incrementar el bienestar físico, psicológico, emocional, espiritual, político, social, económico y ambiental de los mexicanos”. Sí, todo eso para forjar el Shangri-La amloísta. Caramba, de haberlo sabido, se le debió de haber ocurrido a alguien desde hace mucho tiempo.

A quienes en la escuela nos dieron buenos cursos de Civismo y Ética, nos inculcaron sin devoción clerical varios de esos valores éticos. Pero el lenguaje de los preceptos de esta guía es de un catecismo monacal. Resulta indignante, vergonzoso e inverosímil que un jefe de estado, en actitud pastoril, adopte desde el poder un papel de predicador, guía espiritual y moral para sus gobernados. Buscar esta orientación es una cuestión totalmente personal, que cada quien puede obtener con su sacerdote, rabino, pastor, gurú, maharishi o psicoterapeuta. Pero que el presidente lo postule denota un delirio de iluminado, un complejo de erigirse como un ser supremo para los mexicanos.

Otras joyas del panfleto: a nuestros agresores hay que otorgarles el perdón, a los corruptos hay que darles terapia sicológica y la buena ley debe modular la opulencia y la indigencia. En su papel de pastor para encabezar su cruzada apostólica, el presidente nos dice que 8 millones de ejemplares se distribuirán a adultos mayores para que “comenten e instruyan la Guía a sus nietos”. Todo esto tiene un tufo de adoctrinamiento perverso. Además, anunció que el tiraje total será de 10 millones de ejemplares. Si suponemos un costo de 50 pesos, son 500 millones de pesos que podrían haberse destinado a comprar, por ejemplo, medicamentos para los niños con cáncer.

Es un cinismo que López Obrador nos quiera hablar de ética y moral. Es justo de lo que ha adolecido su gobierno. ¿Qué acaso es ético y moral que este año se tendrán más de 10 millones de nuevos pobres por un mal manejo para enfrentar la recesión? ¿Lo fue la cancelación del Seguro Popular? ¿Dejar que cerraran miles de pequeñas empresas al negarles apoyos y crear más desempleados? ¿El cierre de guarderías? ¿Dejar a niños con cáncer sin sus medicinas? Para su resignación, ¿les va a distribuir su guía a las más de 104,000 familias que han perdido un ser querido por la negligencia del manejo de la pandemia? ¿Bloquear junto con López Gatell la distribución de la vacuna tetravalente contra la influenza? Es realmente criminal que, siendo ya diciembre, no se tenga la vacuna que ya se importó y que, por neblinas ideológicas e ineptitud, la

Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) no ha querido distribuir a los laboratorios.

México se merece un presidente que sea estadista y que enfrente los problemas y no un parlanchín tropical que nos predique de moral y ética. Dentro de su desconexión con la realidad, seguramente en la próxima reunión del G20 va a recetar a los líderes del mundo su grandioso opus.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

Lee más de este autor