Sucesos de las últimas semanas advierten que los nudos de la contención social se desbarataron

Chile, durante mucho tiempo con estabilidad, ha dado muestras explosivas de descontento

Una serie de eventos recientes marcados por la violencia en Chile y Bolivia, así como el cuestionamiento de la gestión gubernamental en Argentina advierten que los nudos de la contención social se están desatando.

Chile, por mucho tiempo estable, ahora ha dado muestras explosivas de descontento. El detonador fue el incremento del precio del Metro urbano, apoyado por un amplio malestar social. Ante ello, el presidente Piñera hizo una declaración suicida: “Estamos en guerra contra un enemigo peligroso”. El jefe de la Defensa Nacional lo corrigió: “No estamos en guerra con nadie”. Y la expresidenta Michelle Bachelet advirtió: “El uso de la retórica inflamatoria sólo servirá para agravar más la situación”.

El problema es la enorme desigualdad. Dos datos para ejemplificar: 1) 50% de la población gana sólo 550 dólares mensuales, y 2) un diputado recibe 25,000 dólares mensuales. El contraste es absurdo.

Políticamente han gobernado después de la dictadura de Pinochet tanto la izquierda como la derecha. La relativa paz social descansó en la estabilidad institucional creada por los gobiernos de concertación.

Ahora explotó la población por el rezago social, sobre todo los jóvenes y las clases bajas y medias. Salieron a la calle a protestar y el vandalismo a destruir, a robar casas, a crear bandas para saquear supermercados y entrar sin pagar el Metro. El psiquiatra Alberto Larraín dice: “se vive como algo justo, un acto reivindicatorio ante una injusticia estructural”.

El gobierno ha hecho ajustes menores como son el freno a los incrementos de las tarifas eléctricas hasta el 2020 y rebajar de 45 a 40 las horas máximas semanales de trabajo. Hay cambio de gabinete y está en el aire una iniciativa del pasado de crear asambleas constituyentes de barrios, para articular una democracia de abajo hacia arriba.

En Bolivia, Evo Morales, que ha gobernado por 14 años y que perdió un referéndum sobre una reelección indefinida en el 2006, ahora fue candidato presidencial en las pasadas elecciones, mismas que han sido impugnadas por la OEA, la Union Europea y Estados Unidos, por fraude electoral y proponen una segunda vuelta.

Hay una fuerte división en el país, un aumento de la polarización social y crisis de legitimidad.

En Argentina, la reelección que buscó el presidente Macri se vio empañada por el crecimiento de la pobreza y el desempleo. Además no supo superar los desastres heredados por el peronismo de los Kirchner. Macri ofreció pobreza cero cuando fue candidato a la Presidencia que ganó. Heredó de Cristina Fernández Kirchner una pobreza de 29% de la población y Macri la subió a 35% a la mitad del 2019. Además, ocho de cada 100 argentinos son indigentes. Los alimentos se han encarecido en 60% en un año. Con estos datos, Macri no tenía nada que ofrecer. En las elecciones del pasado domingo, ganó Alberto Fernández, el opositor peronista.

Si bien en estos tres países importantes la población se ha movilizado, en muchos más como Uruguay, Ecuador, Peru, Haití, se ha generado la ira pública, independientemente de que gobiernen partidos políticos de izquierda o derecha.

La información del último Latinobarómetro ofrecía los siguientes datos: para 75% de la población latinoamericana se gobierna para unos pocos y los presidentes no defienden los intereses de la mayoría. Sólo 5% cree que hay democracia plena.

Haciendo un balance de lo que está sucediendo, se advierte que las demandas sociales y el desprestigio de la política generan un riesgo de resentimiento que es castigado por la represión y alienta el populismo.

La respuesta democrática está en los congresos que tienen que diseñar las formas de transformación del pacto social, fortaleciendo el Estado social de derecho, que significa proteger los derechos civiles y políticos. Asimismo, los derechos económicos, sociales y culturales.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.