Enrique Ochoa Reza tiene claramente identificado el momento en que ganó las simpatías de Los Pinos: en septiembre del 2014, tras del paso de Odille por la península bajacaliforniana. El entonces director general de CFE —quien pudo haberse contado entre los afectados directos por ese huracán categoría 4— logró restaurar el servicio con rapidez y el presidente Enrique Peña Nieto lo dejó a cargo de las tareas de reconstrucción.

Dos años después, el joven abogado asumiría la presidencia nacional del PRI apenas por 22 meses. En vísperas de separarse del cargo —“el más alto honor en mi trayectoria profesional”—, aceptaba resignado el inminente desenlace. Si mi salida sirve para fortalecer el proyecto de José Antonio Meade —decía con estoica disciplina— que así sea.

De su lealtad al proyecto peñista, nadie duda. De sus capacidades como dirigente partidista, en cambio, nunca certeza. Nula su intentona de frenar a Ricardo Anaya e ineficaz su diatriba contra “López” –quien lo ignoró olímpicamente–, el relevo de Manlio Fabio Beltrones tuvo claro que su principal tarea era conducir la reforma estatutaria que permitió incorporar a Meade y Aurelio Nuño en la baraja de la sucesión.

Sin esperar nada a cambio, Ochoa Reza condujo el proceso interno que derivó en la postulación del primer “candidato ciudadano” (sin militancia partidista) en los 89 años del tricolor. Meade nunca pidió que lo quitaran, aunque su salida comenzó a perfilarse, cuando lo incorporaron en el primer lugar de la lista de candidatos pluris en la quinta circunscripción.

La dirigencia del partido, a cambio de la coordinación de la bancada priista en San Lázaro, parecía un buen acuerdo. Ochoa Reza deja anticipadamente el CEN del PRI sin retirar la promesa que lo perseguirá el resto de su carrera: Meade podrá ganar la elección presidencial, pero ¿con 40% de la votación válida?

Así como Odille apremió a Ochoa Reza, las aptitudes de René Juárez Cisneros para atender situaciones críticas lo han colocado en una posición sobresaliente entre los peñistas aunque su ascenso al liderazgo partidista haya sido prácticamente por descarte.

Ante la renuncia de Ochoa Reza, la secretaria general del partido, Claudia Ruiz Massieu, tenía que ocupar la vacante, pero la exsecretaria de Turismo también tramitó una licencia temporal... ¿y sin límite de tiempo?

Primeramente, el exgobernador de Guerrero tuvo que llegar a la secretaría de Organización, cargo que detentaba el exmandatario coahuilense Rubén Moreira Valdés desde febrero pasado. Y desde esa posición pudo subir a la “presidencia provisional”, en cumplimiento a la prelación estipulada en el estatuto tricolor.

La impaciencia de Los Pinos precipitó el relevo de Ochoa Reza pero no pudo ajustarse a los tiempos legales. La convocatoria para una sesión extraordinaria del Consejo Político Nacional es necesaria para dar plena legitimidad a la unción de Juárez Cisneros.

El presidente en funciones del CEN del PRI ha cumplido con eficacia y discreción sus encargos, a lo largo del sexenio peñista. Primero, como senador y luego como asambleísta constituyente. El 5 de octubre del 2016 dejó su escaño para hacerse cargo de la subsecretaría de Gobernación, que dejaba Luis Enrique Miranda para asumir la secretaría de Desarrollo Social en sustitución de José Antonio Meade.

Los nexos de Juárez Cisneros con el Grupo Atlacomulco datan del periodo en el que fue gobernador de Guerrero y trabó una profunda amistad con su homólogo Arturo Montiel Rojas. Fuera del PRI, su cercanía con Josefina Vázquez Mota consta a tirios y troyanos.

Cuando el gobernador mexiquense no pudo alcanzar la candidatura presidencial, en el 2006, su amigo guerrerense no quedó en el desamparo. Y pronto se incorporó al “proyecto nacional” incubado en Toluca. En la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto fungió como delegado especial del CEN para los estados que integran la cuarta circunscripción plurinominal.

Cierto es que Ángel Heladio Aguirre Rivero era el guerrerense más cercano a Los Pinos. Pero justo por el caso Ayotzinapa y la atención requerida por otras eventualidades —el paso de Ingrid y Manuel, entre ellas, pero también las manifestaciones de la disidencia magisterial— Juárez Cisneros comenzó a cobrar una importancia cada vez mayor.

Surgido de las entrañas del PRI, Juárez Cisneros puede contarse entre los herederos —políticamente hablando— de José Francisco Ruiz Massieu, aunque la mayoría de sus cargos de elección popular se los debe a Rubén Figueroa y a Ángel Heladio Aguirre Rivero.

A su llegada al CEN tricolor, en su natal Guerrero recordaron que entregó la alcaldía de Acapulco a la oposición, en 1993, y la gubernatura, en el 2005. La debacle del PRI en Guerrero fue producto de hechos calamitosos, entre ellos la atención a los damnificados del huracán Paulina y la asonada en el paraje de Aguas Blancas, con la irrupción del EPR como suceso disruptivo.

Juárez Cisneros, experto en manejo de crisis, llega al PRI por descarte respaldado por Emilio Gamboa, Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño pero sin grandes nexos con el equipo de campaña.

“Sólo juntos, en una unidad real, sin simulación, sin falsas poses, sino con el compromiso compartido, podremos construir la victoria electoral”, dijo Juárez Cisneros en su primer discurso como presidente provisional a sabiendas de que su misión como nuevo jefe del partido no es salvar la campaña del candidato, sino lograr lo que su antecesor nunca pudo: la unidad entre los priistas.

Alberto Aguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.