La semana pasada se dio a conocer la cifra oportuna de contracción del PIB correspondiente a 2020. Destacan tres cifras al respecto (todas en términos desestacionalizados): la caída anual fue de 8.5%, la variación anual del último trimestre fue de -4.6% mientras que el cambio del cuarto trimestre con respecto al tercero fue de 3.1 por ciento. La economía tocó fondo en el segundo trimestre con el cierre de actividades económicas y comerciales de abril y mayo. En dicho lapso, la caída anual fue de 18.7 por ciento. Desde entonces, la actividad económica entró en una fase de rebote (la famosa recuperación en forma de “V”). El que el cambio trimestral del último haya sido positivo no sorprende, en vista del relajamiento del encierro que se observó en casi esos tres meses.

A mediados del año pasado, analistas pronosticaban una caída anual del PIB entre 9 y 10%, que la contracción haya sido 8.5% no cambia en mucho la gravedad de la recesión. Hace poca diferencia si una persona que no sabe nadar cae en un pozo de 8.5 o de 10 metros de profundidad.

Los pronósticos de crecimiento del PIB para 2021 se centran en 3.5%, pero no hay que confundir ese efecto rebote con una mejora estructural de la actividad económica. Entre los pronosticadores, ya existe una varianza importante en relación con el consenso de 3.5 por ciento. Por ejemplo, JP Morgan Chase calcula una expansión de 5.1%, UBS de 5.6%, Barclays, 4.5% y el FMI, 4.3 por ciento. El gobierno (SHCP) espera 4.6 por ciento. A primera vista, todas resultan optimistas ante la realidad de que el semáforo rojo ya se extendió a 14 estados de la República; sólo en la CDMX ya lleva todo enero y previsiblemente buena parte de febrero. Estas estimaciones apuestan a dos factores para la segunda mitad del año: el primero, una aceleración del programa de vacunación anti Covid-19 en EU que propiciaría una vigorosa expansión, acelerando las importaciones provenientes de México en el marco del T-MEC. El segundo elemento presupone que para la segunda mitad el plan de vacunación en México logre cubrir un alto porcentaje de la población. Los indicios sobre este segundo supuesto de manejo de la pandemia son, al día de hoy, muy desalentadores. No ha habido rectificación en el manejo de la pandemia y no existe un programa coherente de adquisición de vacunas ni una estrategia ordenada de aplicación.

Con la extensión del semáforo rojo y los números de contagios y muertes que no ceden, es muy probable que el PIB en el primer trimestre sea negativo. Adicionalmente, si la supuesta campaña de vacunación no supera el caos en la que se encuentra, aunque haya un rebote inercial, el PIB anual podría quedar por debajo de 3 por ciento. Un escenario contrastante con el desbordado optimismo del subsecretario de Economía Ernesto Acevedo, quien hace unas semanas públicamente festinó que el PIB será mayor al 6 por ciento. Nos confirmó el mundo paralelo en el que vive este gobierno.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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