Un barrito en la cara. Un día después, seis. En edad adulta, confinada en casa, con todas las precauciones para no pescar el virus que asuela al mundo, es posible pescar otro: la varicela.

Con ella, llega el alud de información desconocida: resulta que la de varicela no es una vacuna obligatoria en el país, no forma parte de la cartilla nacional desde 2013 y por lo tanto no es accesible a los grupos económicamente más vulnerables. ¿La razón? Es cara para el gobierno y se considera una enfermedad benigna. Si quieren, los estados pueden ponerla gratuitamente en sus entidades pero, ah no, porque sólo el gobierno federal compra vacunas. Y total, unos días de ronchas qué.

Díganle eso a los casi 40,000 adultos que cada año atiende el IMSS por varicela. Después de los 14, la comezón y la fiebre pueden transformarse en algo más grave y conducir incluso a la muerte. El caldo de la austeridad pública tiene muchas formas de ser caro y miren, esto no fue inventado por el avaro de Andrés Manuel López Obrador. Ha habido otros.

La vacuna de la varicela, como todas las vacunas, como lo será la del Covid-19 cuando llegue, es la estrategia más eficiente de salud pública para la prevención de enfermedades pero sólo funciona si es universal. Si un gobierno decide sólo aplicarla a grupos de riesgos o un sector de la población se niega a recibirla porque siente que le entra el mal, la vacuna no sirve. O todos o ninguno.

Actualmente, la vacuna de la varicela es para privilegiados: se puede comprar en el sector privado y se puede recibir en guarderías del IMSS o del ISSSTE, pero poblaciones enteras sin trabajo formal o sin acceso a guarderías quedan bailando. Y ya lo dije arriba: así no funciona. La Asociación Mexicana de Infectología Pediátrica se desgañita pidiendo que se haga universal, ésta y la de hepatitis A.

Cuando yo era pequeña no existía la vacuna para la varicela en México, ésta llegó en los 90. La forma de inmunizar al rebaño era siguiendo una práctica motivada por las abuelas: los niños sanos visitaban a los enfermos. Claramente no me invitaron, pero además, no conté con la información suficiente para vacunarme después. Hoy esperamos con ansiedad la vacuna del coronavirus, pero no usamos las que ya existen y no procuramos la inmunidad a toda la población. Sea varicela o sarampión.

¿Y corremos riesgo? Siempre. Sin embargo, hay que dimensionarlo. Mi comezón ha hecho que me lleguen rumores sobre un brote de varicela en el país, pero lo único claro es que hay quejas ante la CNDH por brotes en estaciones migratorias de Baja California, Ciudad de México, Chiapas y Chihuahua.

Estos parecen aislados. El boletín epidemiológico que emite semanalmente la Secretaría de Salud informa no de un ascenso, sino de una caída en los casos de varicela: a nivel nacional hay 40 por ciento menos registros acumulados que el año pasado. En la Ciudad de México, hasta el 13 de junio, se han registrado casi 2,500 casos, frente a 4,000 por las mismas fechas de 2019.

Me pregunto si me habrán puesto en la estadística.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.