Alejandra Barrales Magdaleno quiso volar alto. Nadie le cortó las alas. La Presidenta de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del DF decidió truncar su marcha hacia la candidatura del Movimiento Progresista a la Jefatura de Gobierno.

Una empresa casi imposible para la maestra en Administración y exdirigente sindical, cuyas recientes rabietas revelan un altísimo nivel de desesperación e infortunio. Sin embargo, ella es víctima de un método orquestado y ejecutado ad hoc para favorecer al delfín del jefe de gobierno, Marcelo Ebrard.

Barrales no tenía que esperar hasta que la coordinación del Diálogo por la Reconstrucción Nacional (Dia) entregara los resultados de las mediciones levantadas el fin de semana por Nodo, Covarrubias y Laredo.

En ese lapso, en paralelo a las encuestas oficiales , se registró por lo menos media docena de ejercicios demoscópicos -encuestas espejo, como les llaman-, de los cuales al menos la mitad fueron encargados por el equipo de la exlideresa partidista.

La información, en todos los casos, es coincidente: Miguel Ángel Mancera se ubica al frente de las preferencias, por encima de Alejandra Barrales.

La mala noticia -de cualquier modo- es que la ventaja del exprocurador capitalino sobre la legisladora es estrecha. Y por ende, impide que la herramienta metodológica inhiba la discusión política.

Representantes de los aspirantes a la candidatura revelaron que, según las reglas pactadas, las encuestadoras aplicaron un cuestionario con cinco reactivos. Cada pregunta generaba un punto al precandidato mejor evaluado y en caso de que la ventaja entre el primero y el segundo lugar no fuera mayor a 3.6 puntos (el doble del margen de error estimado) ambos se dividirían la calificación.

Esta metodología se aplicó exitosamente hace dos meses, al definir al precandidato presidencial de las izquierdas entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard.

En aquella ocasión, las mediciones también arrojaron un resultado cerrado. Pero los aspirantes se habían comprometido a respetarlo, sin importar el margen de victoria. En el caso de la candidatura al Gobierno del Distrito Federal, lamentablemente, esta regla no tendrá vigencia.

Un camino sin retorno parecía haber tomado ayer Barrales, al ordenar el retiro de sus representantes de la mesa de concertación del Dia.

Además de tramitar una queja ante instancias partidistas por la propaganda en favor de Mancera -incluido el reparto de volantes y las llamadas telefónicas- durante el levantamiento de las encuestas, hicieron un llamamiento a la imparcialidad y al decoro.

Las denuncias previas contra el coordinador nacional del Dia, Manuel Camacho Solís, se vieron notablemente agravadas por las declaraciones de otro destacado ebrarista, Alejandro Rojas Díaz-Durán, adelantando la victoria del exprocurador. Su voluntaria injerencia en el proceso le costó salir expulsado del gabinete.

El exsecretario de Turismo del GDF pudo, en efecto, haber cometido una imprudencia al adelantar el triunfo de Mancera. Sin duda exageró al decir que tuvo acceso a información privilegiada, pero no mintió al sostener que el candidato del Movimiento Progresista será un marcelista destacado.

En el peor de los casos, el resultado de las encuestas no tendrá la contundencia suficiente como para demostrar que Mancera sacó una notable ventaja a Barrales y al resto de los aspirantes a la candidatura.

El primer capítulo de la contienda por la nominación se cerró anoche. Camacho, Ebrard y la dirigencia del Dia tienen 48 horas para amarrar un acuerdo que deje satisfechos a los perdedores. La incontinencia verbal de Rojas Díaz-Durán (quien acumula un pasado de imprudencias desde que era integrante de la Corriente Democrática del PRI) introdujo una nueva variable y permitirá que Barrales Magdaleno eleve el costo de oportunidad.

Barruntos de tormenta ennegrecen el escenario: si la lideresa perredista mantiene el respaldo del senador Carlos Navarrete y suma a los otros protagonistas de la contienda (Gerardo Fernández Noroña y Joel Ortega Cuevas) podrían vencer en la mesa al delfín ebrarista.

EFECTOS SECUNDARIOS

SALDOS DEL DEBATE PANISTA. Sin sorpresas, podría decirse. En el escenario, Ernesto Cordero Arroyo repitió la metáfora que ha repetido por todo el país: México es como un avión que entrará pronto a una zona de turbulencia y necesita un piloto capacitado que sepa sortear el mal tiempo. Pero sus indirectas contra los improvisados, los indecisos y los bien intencionados, más que sus alusiones a Josefina Vázquez Mota, son las que impactaron a los asistentes y a los seguidores del primer debate entre los precandidatos del PAN a la Presidencia de la República. En el frente josefinista, quedaron satisfechos con el desempeño de la legisladora con licencia. La vieron echada para adelante, sin distraerse en diatribas estériles. Y dejaron a los miembros activos y adherentes del PAN definir al ganador de este encuentro.