Desde hace meses sabemos que las probabilidades de que el crecimiento de la economía repunte de manera importante en este 2020 son bajas. Conforme nos acercamos al cierre del 2019, pudimos observar cómo las variables más importantes que nos permiten conocer el pulso del ritmo de crecimiento económico simplemente no mejoraron. En colaboraciones previas me referí al comportamiento de varias de ellas.

Al interior de la actual administración se ha pretendido explicar la debilidad en el desempeño de la economía mexicana, sobre todo en el 2019, al complejo entorno internacional y a la incertidumbre generada por el impasse en la aprobación definitiva del T-MEC. En ese sentido, no extraña que se haya celebrado con enorme júbilo la conclusión del proceso de aprobación de este instrumento en el Congreso de Estados Unidos, después de que el Senado ya había hecho lo propio en México, desde mi punto de vista, de manera precipitada. Está pendiente que el Parlamento canadiense concluya su proceso probablemente en febrero.

Es verdad que la aprobación del T-MEC y su eventual entrada en vigor probablemente entre abril y mayo significan la eliminación de incertidumbre. Pero no podemos engañarnos pensando que con ello se eliminan los obstáculos para que México pueda crecer a un mayor ritmo. El mal desempeño de la economía mexicana se explica por la incertidumbre que proviene, entre otras, de una mezcla de: a) diversas decisiones de la actual administración en materia económica; b) funcionarios con nula experiencia en sus temas; c) escarceos de la 4T con posibles cambios sustantivos al marco legal que generan inseguridad jurídica o inquietud por el posible desmantelamiento de instituciones, y d) la notoria falta de coordinación entre distintas secretarías para atender un mismo tema, lo que envía señales de falta de planeación al interior del gobierno, como quedó de manifiesto con el reciente intento de presentar un conjunto de iniciativas en materia de justicia.

Así que mientras esos factores sigan presentes en la administración del presidente López Obrador, es poco probable que mejore el desempeño de la economía. Todas las estimaciones de crecimiento para el 2020, incluyendo las del FMI, el Banco Mundial, la OCDE y diversas instituciones financieras, apuntan a otro año anémico en materia de crecimiento del PIB.

Sobre la presión del sindicato de telefonistas al IFT

El sindicato logró el objetivo que se trazó desde el 2017: desarticular la separación funcional ordenada por el IFT. Con el cuento de que la medida afectaba derechos laborales, logró que el IFT concediera, poniendo en grave riesgo la efectividad de su propia medida, que el personal sindicalizado de Telmex no sea migrado a la nueva empresa mayorista.

Llama la atención que el sindicato, quien en diversas ocasiones se quejó de que la separación era una mala copia de lo resuelto por el regulador británico, haya omitido mencionar que dicho órgano ordenó desde el 2017 que British Telecom (BT), el agente dominante, migrara 32,000 trabajadores a la empresa mayorista, Openreach, a efecto de eliminar los incentivos erróneos que impedían lograr avances de competencia en el sector. Pues bien, el 1 de octubre del 2018, hace 15 meses, BT anunció que había completado la transferencia de 31,000 empleados a Openreach. Por lo pronto, ya engolosinado, el sindicato no ha desactivado su amenaza de huelga.

*El autor es economista.

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico