1 - El tiempo para leer y el muñeco de hojalata

Durante la presentación de su más reciente novela (La parte inventada), el autor argentino, Rodrigo Fresán, confiesa que comparte la animadversión de su personaje por las redes sociales.

– Me parece un poco raro que la gente esté en contacto todo el tiempo. Se supone que la gente no lee porque no tiene tiempo, y ahora encuentra tiempo, hasta seis horas diarias, para leer y escribir en Facebook. O peor, creer que eso es leer y escribir.

Más tarde, Fresán habla sobre la portada del que es, junto con Historia de Argentina su libro más personal: la fotografía de un muñeco de cuerda con fondo rojo.

– Iba con mi hijo de cuatro años por la calle cuando vimos ese juguete en el aparador de una tienda.

–Mira papá, esa es la portada de tu próximo libro – le dijo el niño, señalando el muñeco de cuerda que simula a un viajero. Fresán se conmueve con la frase, así que entran a la tienda y compran el juguete. Entonces, su hijo le dice.

– Y también es el personaje de tu próximo libro.

Lo que complicó mucho más las cosas.

2- La literatura colombiana aspira a estar más allá de las drogas

En medio de una FIL dedicada principalmente a Argentina, se celebra una mesa para discutir y quitar estigmas a la percepción que vincula temáticamente la literatura colombiana con el narcotráfico y la violencia. La mesa la llevan Andrés Burgos, Andrés Felipe Solano y Daniel Samper, es moderada por José Gabriel Ortiz. Estoy al fondo de una larga sala, lo que dificulta saber quién es el que habla.

El inicio es una larga recolección sobre los dos tipos de violencia que ha vivido Colombia. La llamada época de la violencia que se extendió de los años cuarenta a los sesenta del siglo pasado. Y la narcoviolencia y conflicto político-militar que se da en el último cuarto de siglo y de alguna manera se ha extendido a nuestros días. En literatura, dice uno de los presentadores, el segundo tipo de violencia inicia con Vallejo (La virgen de los sicarios) y Franco (Rosario Tijeras).

–Gabo engloba a los dos tipos – responde otro– El primero con El coronel no tiene quién le escriba, el segundo con Noticia de un secuestro.

Lo más curioso es que los autores pasan la mayor parte del tiempo hablando de la violencia en su literatura, quienes han escrito sobre ella y las obras que la bordean. Terminan atrapados por la gravitación de la violencia, esa misma que buscaba desmitificar la charla.

Por la mitad, uno de los panelistas regala una joya: Estoy harto de que la gente piense que por ser colombianos debemos ser alegres, llevar el ballenato por dentro. Yo, por una vez, quiero una historia seria, ominosa, donde una mujer vaya por la calle abrazando el bolso por temor a que se lo roben. Personajes apesadumbrados a media crisis existencial.

3 - Krauze a los jóvenes: la palabra distinguir es sagrada

Presentación de una nueva edición de La presidencia imperial, tercer volumen de la trilogía de Enrique Krauze sobre la historia reciente de México. Presenta y dialoga con el autor, José Woldemberg. Auditorio abarrotado.

Conversación doble, la primera entre en la mesa que sirve de pretexto para la segunda entre Krauze y el público joven, un porcentaje amplio de la sala. El tema de Ayotzinapa y el estamos cansados flotan sobre el ánimo.

Las palabras de Krauze son cuidadosas y mesuradas. Empieza con una recolección del México de la presidencia imperial.

– Nuestra memoria en este tema es muy mala, y es perfectamente explicable. El destino de los jóvenes es pensar que la historia empieza con ellos. Hoy nos parece increíble pensar que hace veinticinco años no había libertad de expresión.

Recuerda anécdotas de los sexenios de López Portillo y Salinas: una llamada de Gobernación sacaba del aire un programa donde se cuestionaba algo mínimo .

Después, Tlatelolco: Antes y después, México fue distinto, esas balas que mataron a los estudiantes, mataron al sistema político mexicano .

El avance democrático encuentra su principal obstáculo en la terrible inequidad social, que supone el peor caldo de cultivo para la democracia, dice. Su libro es un paseo por la historia reciente del país. Paseo muy personal en la medida de que relata sucesos que, a diferencia de sus textos previos, ya le tocó vivir. Para Krauze, las lecciones de la historia son vitales para entender el presente y no repetir errores.

– La protesta es muy importante pero la debe seguir la propuesta. Si no, su justa indignación se difumina, como pasó en el 29.

Lúcido llamado a la sensatez: Hay un halo de romanticismo histórico en las palabras revolución y violencia, pero no creo que estemos en una situación de combatir el fuego con el fuego. Cambiar el país es una tarea que toma generaciones .

– Si hay algo cierto es que la juventud no sabe que es juventud - cierra –. El tiempo pasa, dejarán de ser jóvenes, se los aseguro – risas –. Háganse a la idea que pronto tendrán que hacerse cargo del país. Y sí se puede.

Al final de la charla, Krauze firma libros y se toma fotos con su público. En ánimo juvenil, incluso intenta una selfie.

Twitter @rgarciamainou