Es prácticamente un hecho que la mayoría de los estadounidenses no sepa y quizá ni le importe que el precio del petróleo Brent del Mar del Norte llegó hoy a los 123.62 dólares por barril en el mercado financiero de Londres.

Lo que sí saben es que el galón de gasolina está de vuelta en los 4 dólares, y eso cierra el círculo vicioso de la desconfianza y la inflación. Los mercados tienen mucho tiempo funcionando en un ambiente descontrolado, en el que la inestabilidad es la constante y los recursos entran y salen, dependiendo el ánimo de cada día.

Por eso es que, por ejemplo, los mercados bursátiles han presentado tantos movimientos erráticos; por eso el precio del oro empieza a ser un asunto de atención, por la manera en que ahí se refugian los capitales. Pero el mercado financiero petrolero también está en esta dinámica de altibajos impulsados más por la especulación que por un verdadero movimiento en la oferta y la demanda.

Los precios del petróleo han subido de forma considerable en las últimas semanas. Por lo pronto, ya acumuló seis incrementos consecutivos que tienen los diferentes hidrocarburos en niveles no vistos desde el 2008, y no tan lejos de sus niveles máximos de abril del año pasado, cuando el norte de África ardía por las revueltas sociales.

Pretextos para que aumenten los precios del petróleo sobran. Desde el acuerdo de la unión monetaria europea con Grecia para evitar la quiebra helénica, porque dicen que esto permite que la zona no se convulsione y, por lo tanto, no caiga en una recesión profunda y por lo tanto que demanden más petróleo.

Otra buena excusa es que el Dow Jones está cerca de los 13,000 puntos y que si esto es posible es porque la economía estadounidense da muestras de recuperación y eso implica aumento en la demanda del hidrocarburo.

Hay otra razón de buen peso en toda esta especulación y tiene que ver con el creciente conflicto que, por ahora, se mantiene a nivel diplomático entre Estados Unidos e Irán por los avances del programa nuclear de este último país.

Es un hecho que Teherán ha limitado sus exportaciones y es creíble su amenaza de que pueden evitar el cruce de petróleo por sus mares de influencia. Tan creíble como el hecho de que desde Israel pudiera haber una repentina acción militar para bombardear sus instalaciones nucleares.

Pero todo eso de la geopolítica no es de la competencia ni del interés del que se autodespacha gasolina en Estados Unidos o en Europa o cualquier país donde los precios del combustible no están erróneamente subsidiados, como en México.

Y como los que tienen coche son los que más acceso tienen a criticar o apoyar las políticas públicas, son pocos los políticos que le entienden a que esto de destinar cientos de miles de millones de pesos a pagar tanques llenos de gasolina para los más ricos es una aberración.

Es un hecho que el precio de los combustibles puede frenar un proceso de recuperación económica, porque consumen muchos de los recursos disponibles de las familias.

Y un consumidor que tiene que destinar más dólares para el pago del tanque lleno es un votante enojado que puede reaccionar negativamente en contra de los que están en el poder. Así que los precios de los energéticos mueven muchas cosas.

LA PRIMERA PIEDRA

Lo peor que puede hacer Brasil es creerse de otro planeta y que este mundo no lo merece. Es cierto que han hecho las cosas muy bien como para destacar entre los países emergentes, pero tampoco tienen la economía perfecta como para despreciar a sus contrapartes.

Por lo pronto, con la mano en la cintura, manda a volar a México con el acuerdo automotriz en el que en este momento le ha tocado ganar a nuestro país.

Pero, además, el ministro de Hacienda de ese país sudamericano, Guido Mantega, dice que ellos junto con los otros países elegidos: China, Rusia e India, o sea los BRIC, quieren formar su propio banco para financiar sus propios proyectos, lejos de los organismos internacionales existentes como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Claro que con el dinero de China pueden hacer lo que quieran, pero aislarse es pésima idea para cualquiera.

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