El primer informe oficial del presidente López Obrador, el que establece la ley, fue una mañanera más. Se repitió lo mismo que desde hace nueve meses venimos escuchando todos los días. No hubo nada nuevo.

Fue un ejercicio de la retórica a la que nos tiene acostumbrados, llena de lugares comunes y de frases publicitarias que ha acuñado a la largo de los últimos 20 años. Es un buen publicista. Hacer frases pegajosas se le da.

El presidente es muy predecible y no sorprende. Ahora tampoco lo hizo y no se salió del esquema de siempre. La única diferencia de esta mañanera con las otras fue el día, la hora y que no hubo preguntas.

Los datos que mencionó son poco creíbles o por lo menos cuestionables. Como lo hace todas las mañanas dijo medias verdades y francas mentiras. Lo hizo de manera abierta y descarada. Confía en que los suyos le van a creer. Los números se convierten en actos de fe.

Como en las mañaneras, no hubo momentos memorables. El presidente no sabe qué es la autocrítica. En esta mañanera, como tampoco en las otras, la hubo. En su versión, los suyos se la creen, el país marcha mejor que nunca. Es el mejor momento de la historia de México.

Con su discurso a sus simpatizantes les da elementos para que defiendan su gestión. Sólo unos pocos vieron el informe, pero el mensaje se les va a comunicar a través de los spots posteriores al informe.

El texto fue soso y la manera de leerlo también. Resultó particularmente aburrido y anticlimático. En la visión del presidente no son las instituciones del Estado y su equipo quienes realizan las tareas. Él lo hace todo. Como siempre fue un discurso yoyista.

Lo que hicieron los gobiernos de los últimos 36 años, los que califica de neoliberales, los de antes no eran buenos, son los responsables de todos los males que aquejan al país. Así justifica su incapacidad personal y la de su equipo.

En su visión todo lo resuelve la lucha contra la corrupción, que por milagro, a sólo nueve meses de su gestión, ya no existe. Y es por eso que todo se ha empezado a resolver. No sé si el presidente lo crea o es sólo retórica política. Espero sea lo segundo, porque lo primero sería muy grave.

Una vez más el informe puso de relieve, como todas las mañanas, que el presidente no se puede asumir como un hombre de Estado que gobierna para todos los mexicanos. Es algo que está más allá de sus fuerzas.

Él sólo gobierna para los suyos y cualquiera que piense de manera libre y que no alabe y apoye su gestión es un enemigo que debe ser insultado y descalificado. Así terminó la mañanera del informe.

Un día después, la nueva mañanera borró lo dicho en el informe. Por alguna razón —una puede ser que los medios no investiguen y hagan evidente las múltiples mentiras que ahí dijo— decidió dar vuelta de página y hablar de otros temas.

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.