La salida de Estados Unidos de Afganistán hizo pensar que el unilateralismo que ha caracterizado a las intervenciones militares estadounidenses podía tener fin. Sobre todo, porque el balance de esa presencia militar de 20 años fue negativo.

Y lo peor es que asumieron el poder grupos rebeldes que combinan las expresiones más nefastas del autoritarismo, las regresiones tribales y el odio.

Nada de proyectos de desarrollo económico y social basados en el marco de una democracia liberal y una economía de mercado. En vez de ello la devastación de los deseos humanos, de la fantasía y de la productividad.

Ahora Estados Unidos, Inglaterra y Australia han establecido una triple alianza denominada AUKUS, para fortalecer a Australia, proporcionándole entre otros, submarinos de propulsión nuclear para eventualmente ser usados en la región del Indo-Pacífico.

La decisión no tomó en cuenta a la Unión Europea y ha sido criticada por los aliados de Estados Unidos por su falta de contexto multilateral. La respuesta China no se ha hecho esperar por su supuesta soberanía de esas aguas y que responde a su proceso de militarización que ya lleva muchos años de consolidarse.

China tiene muchos frentes de control como son el despliegue de patrullas alrededor de las islas Senkaku Diaoyu controladas por Japón y ha enviado aviones de guerra a la línea divisoria en el estrecho de Taiwán.

China ha mostrado su músculo geopolítico mismo que representa un cambio en su política exterior, que se aleja del principio de Deng Xiaoping de “esconde tu fuerza, espera tu momento”.

La fuerza militar China ahora es la segunda más grande del mundo. Su presupuesto militar equivale al de la India, Rusia, Japón, Corea del Sur y Taiwán, juntos. Ha desarrollado las áreas de inteligencia artificial y los misiles balísticos antibuque. De tal manera que está provocando que los países vecinos se vean amenazados y busquen alianzas para defenderse por sí se inicia el desastre. China no tiene aliados importantes.

China busca convertirse en una potencia dominante, lo que introduce en la zona geopolítica en donde se sitúa, una alarma de peligros. Ante el fenómeno de la globalización, un desenlace de guerra fría es muy negativo por sus consecuencias nefastas. Resulta lamentable que las instancias institucionales que tienen como tarea la responsabilidad global de preservar la paz y resolver los conflictos, lleguen tarde al no prevenir los acontecimientos indeseables.

El conflicto regional en la zona Indo-Pacífico no es nuevo y la alianza creada entre Estados Unidos, Inglaterra y Australia es un mensaje de advertencias. Lo deseable es que la competencia de grandes potencias con China debería tener una estrategia administrada. En vez de satanizar a China tratar de hacer una rivalidad cooperadora.

Decía el ilustre pensador francés Raymon Aron: “Todos los combates políticos son sospechosos. Nunca se trata de la lucha entre el bien y el mal, sino entre lo preferible y lo detestable”.

smota@eleconomista.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

Lee más de este autor