Ahí estaban Óscar y Valeria, unidos por una playera negra, boca abajo y sin vida a las orillas del río Bravo, contando una de las historias más tristes sobre migración de los últimos años. El bracito de Valeria rodeaba a su padre hasta el hombro, parece que lo está abrazando. ¿Cómo logró alcanzar a su hija mientras los arrastraba la corriente? ¿Cómo pudo meterla bajo su playera para mantenerla a su lado en medio del caos? ¿Quién dejó de respirar primero?

Las letras sirven para contar, para recordar, para sanar, y quizá la cualidad que hoy más valoro: imaginar otra historia.

Tania observa de reojo a Óscar mientras contesta un mensaje en su celular. A lo lejos, padre e hija corren en el parque. Valeria ha cumplido cinco años, y nada recuerda sobre su llegada a este lugar. Tropieza, pero no llora, ya nada le duele, se ríe, el sonido de su risa inunda el ambiente. Óscar la alcanza para llenarla de besos. Anunciando una tormenta llegan las primeras gotas que mojan primero las mejillas de Tania, después el cuerpo entero padre e hija. Óscar hace espacio bajo su playera para tapar a su hija, y ésta divertida saca la cabeza por arriba. Parecen siameses, uno es de piernas muy, muy cortas; el otro tiene el corazón gigante. Se cansan del juego, caen rendidos sobre el pasto mientras la pequeña abraza su padre. Nada saben sobre política estadounidense, eso nada importa a quien busca la sonrisa de su hija un domingo por la tarde. Tampoco importan las relaciones bilaterales, ni el endurecimiento de las políticas migratorias en México. En otra dimensión están quienes se desgastan en debates sobre el derecho a migrar. No hay política que quepa entre el abrazo de un padre y su hija.

Tania vuelve a mirar hacia el parque, los ha perdido de vista.

Los migrantes no salen sin dinero, venden todo lo que tienen para poder llegar a Estados Unidos —me cuenta Iliana Ruvalcaba, presidenta de El Pozo de Vida y miembro del Consejo Ciudadano del Instituto Nacional de Migración—, alguien los está fondeando. ¿Quién? La respuesta no es sencilla, la migración involucra muchos intereses: el político, y el de la delincuencia que gana millones con el traslado de personas, o con su venta.

Donald Trump necesita un enemigo, y ahí están las organizadas caravanas para probar que tiene razón, su amenaza pretende entrar en grandes oleadas. Pero no debemos olvidar que detrás de todo plan siempre está la necesidad de quien no entiende de política. Ésa es real, la que no podemos perder de vista. Tampoco olvidemos que ninguna de las grandes discusiones ideológicas le está salvando la vida a estas personas. No te preocupes, Valeria, aguanta un poco más. Nuestro presidente prometió darte la nacionalidad mexicana. ¿Podríamos haberlo hecho mejor? ¿Quién gana con esta política migratoria? Y la que es pregunta y a la vez respuesta: ¿Qué es lo que están festejando hoy? Es en serio, ¿qué están festejando?

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.