La semana pasada Financial Times de Londres anunció en su primera plana: México compra oro en cantidades importantes . El diario explica cómo el banco central había decidido deshacerse de dólares y comprar 100 toneladas de oro con el propósito de diversificar sus reservas internacionales. Que nuestro banco central cambie la composición de su reserva no es noticia, pues desde que Héctor Reyes Retana modernizó de raíz la forma en que se efectuaban sus operaciones internacionales en los años 70, se ajusta la mezcla de sus activos acorde al pronóstico de sus expertos en divisas.

Lo que llama la atención del anuncio citado es que se esté comprando oro, revirtiendo la tendencia de muchos años en la que los bancos centrales se deshicieron del metal amarillo para remplazarlo con bonos denominados en las principales monedas.

El anuncio del Banco de México (Banxico) indica que las compras de oro efectuadas durante los últimos meses -a pesar de su notable apertura informativa, en Banxico quedan resabios de una bien enraizada cultura de secretismo- representaban 4% de sus reservas de cerca de 120,000 millones de dólares.

En esencia, la acción de Banxico tiene el fin de protegerse ante lo que parece una caída prolongada del dólar frente a otras monedas, incluyendo nuestro peso, que llegó en días pasados a 11.47, paridad que debe haber irritado mucho a devaluacionistas y exportadores por igual.

La cuestión de fondo es qué le pasará a las diversas monedas en el accidentado mundo financiero en el que vivimos, pues mientras las autoridades de EU hablan de un dólar fuerte, todas sus acciones, como inundar los mercados de liquidez y presionar a China a revaluar el yuan, van en la dirección opuesta.

La paridad de las monedas está determinada por varias causas de fondo, como son los diferenciales en el rendimiento que ofrecen sus bonos, los flujos de comercio, las tasas de inflación y las perspectivas de crecimiento que prevén las distintas economías.

Los diferenciales en tasas de interés han dominado los mercados de divisas en los últimos tiempos, pues cuando es posible pedir prestado con réditos cercanos a cero, es un gran negocio hacerlo para invertir ese dinero en sitios como Brasil, en donde la tasa de referencia del banco central es hoy de 12 por ciento.

Tan pronunciados diferenciales dieron lugar a lo que vulgarmente se conoce en los mercados financieros como la bicicleta (carry trade), la cual implica que los especuladores se endeudan en yenes o dólares a tasas muy bajas para invertir esos recursos en reales brasileños, ¡ganando más de 10% sin hacer nada!

Peor aún, cuando muchos especuladores tienen esa misma inspiración, sus compras masivas presionan al real hacia arriba, como sucede ahora cuando su cotización se encuentra cerca de su récord histórico y esa apreciación de la moneda brasileña genera ganancias adicionales a los especuladores.

Al tiempo que los bancos centrales de EU y Japón insisten en mantener sus tasas de interés muy bajas por un periodo prolongado , el Banco Central Europeo ya indicó que empezará a elevar las suyas a partir del próximo mes, lo que ha llevado a la apreciación del euro a pesar de los problemas en la zona.

Tener déficit amplios y persistentes en la cuenta comercial de un país con el resto del mundo siempre resulta en una depreciación de su tipo de cambio, lo que se ve claro en el caso de EU, aunque resulte más difícil explicar por qué cuando su déficit comercial baja -como ocurrió recientemente- el dólar siga cayendo.

Los países que tienen tasas de inflación elevadas invariablemente ven sus monedas depreciarse, lo que mantiene la paridad real -en la que se elimina la inflación- más o menos constante, pero este factor no ha jugado un papel relevante, ya que la inflación ha sido modesta en los países avanzados. Expectativas promisorias de crecimiento de una economía suelen también llevar al fortalecimiento de su moneda, pero este elemento no ha jugado para nada en el caso de Japón, por ejemplo, que sufriendo de bajísimo crecimiento por más de dos décadas ha mantenido al mismo tiempo un yen fuerte.

En cualquier caso, el dólar se cuece aparte. Su papel de moneda aceptada por los demás países en sus transacciones internacionales le permite a EU simplemente imprimir billetes para financiar su desequilibrio externo, como lo ha venido haciendo con particular vigor en últimas fechas.

De generalizarse acciones como la del Banco de México y de otros bancos centrales de diversificar sus reservas hacia oro y divisas distintas al dólar, podría ser el principio del fin del dominio de la moneda de EU en el sistema de pagos internacionales, aunque no queda claro que lo remplazaría.