En semanas recientes, se ha mencionado en este espacio la importancia para un país de contar con un regulador de telecomunicaciones fuerte e independiente. Toca ahora comparar esos atributos para tres reguladores nacionales: la Federal Communications Commission (FCC) de Estados Unidos, la Office of Communications (Ofcom) del Reino Unido, que usualmente se citan como dos ejemplos de independencia y transparencia a seguir; además de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), en el caso mexicano.

El regulador estadounidense fue creado en 1934 por el Congreso -para una tecnología que consideraba como servicios de telecomunicaciones la telefonía fija alámbrica y la radio-, por lo que en 1996 fue reformado el Communications Act.

La Office of Communications (Ofcom), del Reino Unido, se ha considerado como el paradigma del regulador nacional de telecomunicaciones. En su faceta actual concentra las labores relativas a telecomunicaciones y radiodifusión.

En México, le corresponde esta labor a la Cofetel, que de acuerdo con la Ley Federal de Telecomunicaciones, publicada en 1995 y reformada en el 2006, y con la Ley Federal de Radio y Televisión, también reformada en el mismo año, la Cofetel es un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). A diferencia del caso estadounidense, en donde la FCC tiene como principal al Congreso, en México la Cofetel debe responder tanto a la SCT como cabeza de sector, y por ende al Presidente, como al Poder Legislativo. Esto genera incertidumbre entre las empresas reguladas e incluso ha sido motivo de diversos litigios legales.

Los inicios de los tres reguladores fueron similares, encargados en un principio de regular las telecomunicaciones fijas. Posteriormente, debido al avance tecnológico se han vuelto reguladores convergentes. Sin embargo, las similitudes entre la FCC y Ofcom, por un lado, y la Cofetel por el otro, terminan ahí.

En el caso de México, el financiamiento es otorgado por la Cámara de Diputados, a diferencia de la FCC que se financia en parte con ingresos propios y de Ofcom que recibe dinero de dos ministerios separados e ingresos propios. Además, en este caso se comprueba que establecer la autonomía en la ley constituye únicamente un primer paso y no siempre tiene los efectos deseados.

Esto es atribuible a que el sector de las telecomunicaciones mexicano enfrenta actualmente la ampliamente comentada doble ventanilla , ya que no es claro qué trámites, servicios u ámbitos son competencia de la Cofetel y cuáles de la SCT.

Todo esto sirve de explicación a la pregunta que tantas veces nos hacemos.

Entonces, cabe cuestionar, ¿por qué arrastramos aún importantes rezagos en materia regulatoria de telecomunicaciones?