Bernie Sanders sabe qué temas atraen al electorado: salud pública, aumentos salariales, becas y no deudas para los estudiantes, etcétera. El problema es que no señala con detalle cómo financiar estos programas sin arriesgar un desequilibrio en las finanzas públicas.

Con el supermartes de hoy, donde habrá primarias en 14 estados como parte del proceso electoral del Partido Demócrata de Estados Unidos, se definirá un número importante de delegados. Tendremos más claro quién se perfilaría como el candidato de dicho partido. El senador Sanders llega a la cabeza con 55 delegados, pero Biden logró una importante reoxigenación en la primaria de Carolina del Sur y se posiciona con 46 delegados. Aunque se ha rezagado, la senadora Warren aún podría dar una sorpresa, Klobuchar viene muy atrás y Buttigieg ya desistió. Las posibilidades de Bloomberg son escasas, a pesar de contar con recursos millonarios.

Supongamos que Sanders termina siendo el candidato. Como buen populista, sabe muy bien con qué temas logra atraer al electorado. Éstos son incuestionables: salud pública universal, aumentos salariales, becas y no deudas para los estudiantes, gravar con mayores tasas a los ricos, etcétera. El problema es que no señala con detalle cómo financiar estos programas sin arriesgar un desequilibrio serio en las finanzas públicas. Lo que los populistas nunca hacen es empatar los deseos con el financiamiento sano. Como dice The Economist: “anteponen el fin a los medios”.

Su visión de izquierda propugnando por un capitalismo social como el modelo escandinavo de los años 60 ya superado por un arquetipo de mercado flexible, se prestaría a que Trump lo criticara acremente en la campaña. Además, tiene posturas personales vulnerables para el electorado, por ejemplo, sus declaraciones de que, si bien Cuba tiene fallas de democracia y es autoritario, el régimen ha tenido cosas positivas. Igualmente, su férrea oposición al libre comercio sería fácilmente atacable por Trump, ahora que éste se ha erigido como el promotor del T-MEC.

Ya sea si el candidato es Sanders o Biden, el partido tendrá que hacer una buena elección de la compañera(o) de fórmula. Los demócratas se juegan un momento crucial ante sus fracturas y debilidades. Una derrota representaría para dicho partido una gran oportunidad perdida para revertir muchas de las políticas negativas de Trump y regresarle a la presidencia un sentido de decencia y dignidad.

Si con los demócratas podríamos presenciar una potencial oportunidad perdida, en México la presidencia de López Obrador ha coleccionado ya una serie de oportunidades perdidas. Podría haberse posicionado como un auténtico líder si hubiese enfrentado, por ejemplo, con decisión y pragmatismo la crisis del sector salud, con empatía y una estrategia eficaz la crisis de seguridad y así puede seguir la lista. La última oportunidad perdida fue no apoyar la justa causa feminista del 9 de marzo. Prefirió buscar entre sus fantasmas mentales para condenarla. Mientras el presidente persista en su lenguaje egotista, inflamatorio, divisivo e insensible seguirá desperdiciando oportunidades para ser un líder de Estado y continuará siendo un político autista: encerrado en su mundo, conscientemente alejado de la realidad.

federico@rubli.net

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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