México es el centro de origen de la flor de cempasúchil. Sin embargo, se importa 100% de las necesidades industriales, para la extracción de pigmentos que no sólo son demandados por la industria avícola, también existe un fuerte potencial en el mercado de los alimentos funcionales, ya que los carotenoides que contiene ese vegetal, cuentan con propiedades antioxidantes muy valiosas en la prevención de graves enfermedades.

De acuerdo a la información disponible, desde el 2001 no se produce en nuestro país la flor de cempasúchil con fines agroindustriales. Las inversiones se trasladaron a China, país que actualmente aporta 75% de la oferta mundial.

Sin lugar a dudas no es recomendable que la red de valor dependa de pocos proveedores. Hoy en día, 80% de las importaciones de oleorresina de flor de cempasúchil que México realiza proviene de China y 18% de India.

Además, en el último año el precio de esa materia prima se incrementó más de cuatro veces. Así, el valor de importación de una tonelada de oleorresina en el 2010 fue de 211,000 pesos y en el 2011 de 869,000 pesos.

Dado que México es el líder en la extracción de pigmentos de flor de cempasúchil, las empresas ahora tienen buenos motivos para promover la producción de su materia prima en el país, lo cual sin duda también representa una opción para el productor primario.

Estimaciones para la región norte de Sinaloa arrojan una inversión de 37,400 pesos por hectárea para la siembra y cosecha de flor, con una expectativa de 18 toneladas de rendimiento y un precio convenio de 3,600 pesos la tonelada. Con estas cifras, el retorno es de 1.73, cantidad que muy pocos cultivos pueden prometer. Otra ventaja es la menor demanda de agua respecto de, por ejemplo, el cultivo de maíz.

Para este cultivo es condición obligada la agricultura por contrato y la oportunidad real la tienen aquellas áreas productivas donde existe infraestructura de proceso instalada.

Para un mejor éxito en el rescate de esta industria, es necesaria la inversión en investigación y desarrollo, con el fin de obtener materiales genéticos superiores a nivel industrial y a nivel agronómico. Sin lugar a dudas, éste puede ser un agronegocio muy atractivo.

*J. Antonio Manríquez Núñez es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

amanriquez@fira.gob.mx