De los discursos de toma de posesión.

Ninguna noble ambición, ni la confianza nacional, puede sustentarse con base en promesas, si éstas no se convierten en realidades perdurables (L. Cárdenas, 1934). Cada nueva época demanda un renacimiento de las ideas. El clamor de la República pide la consolidación espiritual y material de nuestras conquistas sociales en una economía próspera y poderosa. Los medios: armonía social y gobierno para todos (M. Ávila Camacho, 1940). El régimen que iniciamos habrá de multiplicar sus esfuerzos para realizar los ideales de nuestra colectividad y unir a los mexicanos en los postulados de la justicia social (A. Ruiz Cortines, 1952). Nuestro desarrollo tiende a lograr cada vez más objetivos de la Revolución mexicana: elevar constantemente los niveles de vida del pueblo para alcanzar mayor libertad, más cultura y mejor bienestar, como atributos de la dignidad del hombre, que es el objeto esencial de las instituciones sociales (A. López Mateos, 1958). Queremos desarrollo económico para proporcionar ocupación productiva y remuneradora a la creciente población de México, elevar el género de vida de las grandes mayorías (G. Díaz Ordaz, 1964). La Revolución apresurará su marcha. Aunque hemos eliminado antiguas desigualdades estructurales, otras han surgido pero deben ser pasajeras. Mientras los más humildes no alcancen niveles decorosos de existencia, el programa a cumplir seguirá en pie de lucha, como impulso ascendente del pueblo (L. Echeverría, 1970). El pueblo, en su circunstancia, nos exige que no haya disimulo ni demagogias. Nos pide congruencia entre el deber y el hacer revolucionarios, entre palabra y acción (J. López Portillo, 1976). Atenderemos...

Diversificaremos... Aprovecharemos... Daremos...Fortaleceremos... Llevaremos... Democratizaremos... Combatiremos... (M. de la Madrid, 1982). Los del PAN, por el estilo. Finalmente: Queremos elevar la calidad de vida de las familias mexicanas... Es el deseo de un cambio seguro, con rumbo y con dirección (E. Peña Nieto, 2012).

Ante la palabrería oficial, siempre ha habido avisos de alerta. Dos ejemplos. Rafael Nieto, 1922, ingenuo: el derrumbe del sistema es inevitable porque los intereses colectivos se subordinan a los de una minoría plutocrática. Francisco Javier Gaxiola, 1975, expresa temor y tristeza por el renacimiento de lo suntuario en algunos grupos. Y hoy, Proceso.

Gobernantes cínicos. Nosotros, desmemoriados. Somos corresponsables, nuestra culpa como ciudadanos es grave, de omisión.

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