No hay que perder de vista el cambio de estafeta en el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). Esa institución viene jugando un contrapeso en el equilibrio de políticas públicas contra la obesidad y la diabetes y es fundamental que mantenga su posición imparcial respecto de la industria regulada.

El próximo 14 de febrero se define quién sustituirá al doctor Mauricio Hernández en la dirección general del INSP. Hasta hace unas semanas se vislumbraba como natural que la designación quedaría entre los doctores Juan Rivera Dommarco y Rafael Lozano Ascencio, ambos del cuerpo directivo INSP desde hace muchos años. Pero el secretario de Salud José Narro agregó el nombre de Pablo Kuri quien funge actualmente como subsecretario de Prevención y quien es visto como cercano a la industria no sólo farmacéutica (fue directivo de Sanofi) sino a la de alimentos y bebidas, lo cual podría ser indicio de conflicto de interés.

Hay preocupación entre miembros de la academia en torno a que se imponga al subsecretario Kuri, con todo y que no sea el mejor calificado (no tiene doctorado, mientras que en el INSP la mayoría de los investigadores sí tienen el grado). Pero lo más preocupante es que él sea más influenciable por la industria dado el conocido intenso cabildeo de ésta para influir en las decisiones de autoridad. En la Secretaria de Salud, desde que estaba la doctora Mercedes Juan, es visto el equipo del INSP como de radicales y, evidentemente, ahora ven el momento de reducirle fuerza. Sin embargo, el INSP es de las pocas instituciones de salud mexicanas con un elevado prestigio internacional, con vínculos y alianzas con universidades de todo el mundo e innumerables publicaciones en las revistas científicas y médicas más reconocidas del planeta. Precisamente sus estudios sobre la incidencia del Impuesto Especial sobre Producción y Servicio al refresco ha jugado un papel básico para hacer contrapeso a otros estudios hechos a pedido de la industria refresquera.

Es importante tener cuidado con el grupo que quiere tomar las riendas del INSP.

No se trata de ser puristas, pues no es que la industria tenga toda la responsabilidad ni sea negativa en sí, pues genera miles de empleos y representa una proporción importante del Producto Interno Bruto. En términos económicos su relevancia es incuestionable y las autoridades deben trabajar con la industria. Pero la propia Organización Mundial de la Salud manifiesta que los gobiernos deben imponer límites y no permitir a la industria protagonismo abierto en definición de políticas cuyo objetivo primordial debe ser cuidar y proteger la salud de la población. En México el INSP ha ayudado en limitar ese protagonismo.

En el Comité de Auscultación que le toca validar al próximo director del INSP destaca el doctor Roberto Tapia Conyer, actual director de la Fundación Carlos Slim para la Salud y exsubsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en el sexenio foxista, cuando Kuri estuvo bajo sus órdenes.

Coca-Cola empieza a reformular

Coca-Cola está reperfilando el consumo de sus bebidas altamente calóricas, en particular su bebida emblemática. Le redujo el tamaño a la lata clásica para hacerla de 99 calorías y sacó una nueva versión de Coca-Cola sin azúcar. Aparte, retira del mercado su versión Life y Zero que, es de entenderse, no lograron suplir el consumo de la clásica, más rica y más demandada por ser más azucarada.

La pregunta es: ¿buscan reacomodarse a la declinante demanda de los mexicanos a partir del impuesto al refresco y mayor conciencia de hábitos o procuran reencauzarla hacia un mayor consumo de sus productos de menos calorías?

Como Coca-Cola no da a conocer cuál es el comportamiento de las proporciones del consumo de sus productos dentro de toda su gama de bebidas, que es bastante amplia, no tenemos la respuesta.