Eso de asegurar que México es más competitivo que China, como lo hizo el economista Joseph Stiglitz en ?el foro de Davos, es algo más demagógico que prometer la copa de la FIFA para el próximo mundial.

Ya alguna vez México estuvo de moda hace no muchos años, cuando en los 90, desde el poder, nos vendieron a nuestro propio país como uno en el camino hacia el desarrollo.

También en el exterior se creía que México empezaría a crecer de manera ejemplar para el resto del continente y del mundo emergente.

La construcción era imponente, pero los cimientos eran escasos. Así que ocurrió lo lógico: al primer movimiento brusco en los mercados financieros, ese castillo de naipes se vino abajo.

Por eso es que, hoy que se vuelven a escuchar voces en Davos que hablan de poner a México de moda, la verdad es que mejor podríamos optar por hacer bien las cosas de una manera más discreta, al estilo chileno, y permitir que los brasileños sigan persiguiendo sus sueños de fama internacional con sus olímpicos y mundiales de futbol y demás.

¿Cuáles son los síntomas de acercarse a la fama pasajera de la moda? Pues, expresiones como la del economista Joseph Stiglitz, quien en el pasado encuentro del Foro Económico Mundial le dio a nuestro país el beso del diablo.

Eso de asegurar que México es más competitivo que China es algo más demagógico que prometer la copa de la FIFA para el próximo mundial.

No hay manera sensata de comparar los ritmos de competitividad de dos planetas tan diferentes como México y China. Uno tiene 1,300 millones de habitantes, el otro 120 millones.

Uno es una democracia con fans de alcanzar cierta madurez y la otra nación es un sistema autoritario donde no hay permiso para quejarse.

China tiene tasas sostenidas de crecimiento superiores a 8% por, al menos, un par de décadas y México tiene un promedio de crecimiento en lo que va del siglo de 2 por ciento.

China, para aumentar su competitividad, construye presas, puentes, aeropuertos, el tren más rápido del mundo, carreteras, puertos..., en fin. En México, salvo un par de presas de la CFE, un grupo de rijosos macheteros fue capaz de descarrilar el único proyecto de construcción del necesario aeropuerto para la capital.

México esta pegado a Estados Unidos, este país tiene una muy calificada mano de obra en determinados sectores industriales. México promete áreas de inversión que pueden ser altamente rentables, pero no. No se pueden comparar las peras mexicanas con el olmo asiático. Eso es puro rollo del Premio Nobel.

Mi abuela decía que se hacían los borregos pandos cuando se intentaba gastar lo que remotamente se había ganado y eso es un error que no hay que cometer otra vez.

Porque así como hay quien busca ensalzar lo que se hace en México, con esa exageración de que el simple cambio de gobierno fue ya un avance sustancial para el país, así hay quien ya trabaja en la manera de desacreditar cualquier cambio que se proponga, quien busca descarrilar cualquier cosa que pueda salir bien en México, que dé fama política a sus promotores.

Quizá los veamos calladitos, pero los rupturistas están ahí, listos para arrancar sus campañas de desprestigio.

Esta semana inicia el periodo ordinario de sesiones del Congreso mexicano. Y así como Stiglitz dice que México es más competitivo que China, así se promete que esta Legislatura será más productiva que todas las anteriores. Otra vez un bluf innecesario para un país probadamente fracasado en su vida parlamentaria.

Habrá una reforma estelar a discutir durante este periodo ordinario; al menos, ésa es la expectativa. Pero hay otras reformas menos famosas que la energética o la fiscal que podrían encontrar el espacio de análisis, como en materia de telecomunicaciones, por ejemplo.

Seguramente, será una semana intensa en materia de preparativos para lo que viene en las dos cámaras. Inicia la semana con reuniones de las fracciones parlamentarias y de las dirigencias partidistas preparando el terreno para que empiece un trabajo intenso a partir del viernes.

Esta semana, vamos a conocer los detalles de la primera gran carta de presentación legislativa del sexenio de Peña Nieto. La profundidad de la reforma que se pretende en materia energética la hace indivisible de la hacendaria y esta concatena otras reformas.

Al mismo tiempo, hay pendientes en materia de política y seguridad.

Lo mejor sería que todo esto fuera un trabajo discreto, pero efectivo, que haga de la discusión parlamentaria un instrumento de las fracciones parlamentarias y no un arma entre los partidos políticos.

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