Como dice el tango, 20 años no son nada. Pero a veces lo son todo. Sobre todo cuando hablamos de obra literaria. Se publican tantos libros al año que mantener vigente una novela por dos décadas es muy difícil.

Pero henos aquí, celebrando los 20 años de Tipping the velvet (en español El lustre de la perla, Anagrama), el fulgurante debut de la autora inglesa Sarah Waters.

Si usted no sabe nada de Waters, oh boy, se está perdiendo de una autora deliciosa. Nacida en una familia de clase trabajadora, Sarah fue la primera de su familia en ir a la universidad. Le gustó tanto que llegó hasta el doctorado.

Su tesis doctoral iba a ser sobre pornografía en la era victoriana, pero el tema le apasionó tanto que además de la tesis le dio para una novela. Tipping the velvet o “Tocando el terciopelo” es una frase muy utilizada en el erotismo del siglo XIX sobre todo para hablar del sexo entre mujeres, y la novela de Waters va de amores lésbicos, pero también de muchas otras cosas.

Es increíble todo lo que recorre el personaje principal a lo largo de las páginas: pasa de vendedora de ostras a actriz de music hall, amante de una joven que hacía papel de hombre en las tablas del cabaret, de ahí a prostituto (pues se prostituye vestida de hombre), juguete sexual de una mujer poderosa y perversa y finalmente a encontrar algo de paz en los brazos de una sufragista en Londres de principios del siglo XX.

Y Sarah Waters la escribió con tan solo 28 años de edad. Hace poco escribió una pieza para The Guardian donde reflexionaba sobre su primera intrusión al mundo de las letras, pues ella se imaginaba a sí misma más como académica que como literata. Dice en aquel texto que ahora ve el libro y le haría cambios, que la ve “less than perfect”. Bien dicen que uno no suele ser el mejor juez de su propio trabajo.

He leído cada una de las novelas de Sarah Waters y en cada una he encontrado algo fascinante. Mi favorita es Fingersmith o Doble identidad, en español; la vida de una carterista, una novela cuasicómica. Gran escritora, Waters. Es un sueño mío entrevistarla un día y decirle lo mucho que me ha inspirado.

Y si usted quiere acercarse, nada mejor que con la veinteañera El lustre de la perla. Créame, no se decepcionará, una verdadera novela de aventuras.

#CuatroCaras o hacer viral al arte

Estamos empezando la semana del arte en México y aunque es una oportunidad en la que todo mundo se queja de lo frívolo que se ha vuelto el mundillo del arte y como solo es una serie de eventos para coleccionista con mucha lana en la tarjeta, este fin de semana pasado Twitter nos recordó, precisamente en estos días, qué es el arte y por qué lo amamos.

El juego se llamó #CuatroCaras y fue un experimento viral entre los museos del mundo. Tengo entendido que los que empezaron fueron los museos españoles pero se fueron retando de aquí para allá. Se trataba de escoger cuatro piezas o “caras” que representaran al acervo de cada recinto.

Fue hermoso. Arte barroco, renacentista, flamenco, medieval, pinceladas de Leonardo, de Rembrandt, por ahí algo de arte del siglo XX. Daban ganas de salir corriendo y besar al que se le había ocurrido la idea.

Nos quejamos mucho de que internet se ha vuelto el reino de la idiotez, pero internet es como la calle: no es que la calle esté llena de basura, es que hay gente que tira basura. La red puede servir también para lo edificante. #CuatroCaras fue de lo más divertido porque demostró que la dizque alta cultura también puede entrarle al juego de lo pop.

Busque el hashtag en Twitter y disfrute. Tanta falta que hace en estos días.

 

Concepción Moreno

Columnista y Reportera

Garage Picasso