La narrativa política de Donald Trump ha respondido siempre a la lógica del enemigo. Desde la campaña su oferta se enfocó en defender a Estados Unidos de los enormes (y exagerados) peligros que le asechaban: migrantes o la “ventajosísima” relación comercial con México. En México hemos tenido también, y quizá ahora con mayor eco, nuestra propia dosis de enemigos. Felipe Calderón emprendió una guerra contra el crimen organizado para “proteger a nuestros hijos de las drogas”. La amorosa y autodenominada cuarta transformación tiene a los suyos. En este caso, los rivales son todos aquellos a quienes se les ocurra cuestionar o criticar la ruta que este gobierno ha trazado; las filas de enemigos las forman lo mismo periodistas y organizaciones de la sociedad civil que órganos autónomos.

El problema radica en que el odio siempre encuentra eco. Voluntariosas mentes pequeñas incapaces de cuestionar los discursos que les invaden, y con la suficiente acumulación de frustración para descargar su ira, son el primer lugar en donde el discurso de odio anida. Las redes sociales son el ejemplo que mejor nos permite visualizar este fenómeno. Podríamos ignorarlo bajo el argumento de que ataques y amenazas a los (mal llamados) rivales del gobierno son parte de una estrategia de comunicación, que efectivamente ha presionado para obligar a un mayor ejercicio de autocensura. Todo mal, pero todo bien si tan sólo fuera eso. Las consecuencias más graves son palpables cuando transcienden el insulto anónimo para convertirse en amenaza, y de ahí en agresiones verbales y físicas, muchas de las cuales ya han sido víctimas diversos periodistas. “Si se pasan, ya saben lo que les sucede”, dijo con razón el presidente en una de las mañaneras

El sábado, tras la matanza en El Paso, Texas, que dejó al menos 20 personas sin vida y otras tantas heridas, el presidente Donald Trump condenaba los ataques, calificándolos de trágicos y cobardes. “No hay razones o excusas que justifiquen matar a personas inocentes”, tuiteó. Para el asesino sí, en un manifiesto de 2,300 palabras plasmó que la creciente población hispana era una de sus preocupaciones, sumada a la falta de oportunidades laborales e incluso el cuidado al medio ambiente. “La población hispana está deseosa de regresar a sus países de origen si se les da el incentivo correcto. Un incentivo que yo y otros patriotas americanos proveeremos.” Tan sólo el 14 de julio, el presidente publicaba el célebre tuit en donde pedía a cuatro congresistas demócratas que regresaran a los países de los que originalmente habían llegado. Suerte para Estados Unidos que su presidente es “la persona menos racista que conocerán”.

La libertad de expresión es un derecho que tenemos todos, pero cuando tu voz tiene la fuerza de miles estás obligado a pensar ese mismo número de veces lo que sea que vayas a decir. Mientras los expertos sugieren no hacer famosos a quienes cometen asesinatos masivos, sí estamos obligados a voltear a ver el origen de sus actos, y señalar a aquellos que con su voz dan argumentos para sostener las peores atrocidades. ¡Eso no está bien! Hay que decirlo fuerte.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.