Sin la libre circulación de personas, la Unión Europea (UE) desaparecerá.

Si su razón de ser es la paz a través de la muerte de los nacionalismos, mala señal.

Hoy los nacionalismos están más vivos que nunca y la prueba fiel es el conflicto retórico entre Francia e Italia, dos de los países fundadores de la UE.

Son varios los síntomas que proyectan a una UE trémula frente a los nacionalistas.

El primero de ellos es la grave vulnerabilidad en el radio político de Merkel. ¿Quién se atrevía a lanzarle ultimátums a la poderosa canciller alemana? Dos semanas atrás lo hizo Horst Seehofer, aliado en su gobierno y líder de la Unión Socialcristiana Bávara (CSU). El motivo es clave para comprender lo que posiblemente será el mayor problema del siglo XXI, la migración.

Europa abandonó a Merkel después que ella proyectara el gesto más humanista en sus 13 años de gobierno: recibir a un millón de migrantes procedentes de estados en guerra civil como lo son Siria, Eritrea y Afganistán. Sin haberle colocado áreas de protección, la Unión Europea volteó hacia otros lados mientras el Estado Islámico cometía actos de terrorismo y varios gobiernos europeos construían bardas con púas en sus fronteras.

Como reacción ante el movimiento de las alas de mariposa, los efectos de la Primavera Árabe han llegado a Roma, Londres y Washington.

Budapest, Praga, Varsovia, Viena y Bratislava han aprovechado el momento para poner contra las cuerdas a la Unión Europea. En efecto, al verse amenazados, varios dictadores del norte de África y Oriente Medio aplicaron terribles dosis de autoritarismo para contener la tensión. No lo hicieron Mubarak y Gadafi, pero sí Bashar al Asad.

Occidente no supo escuchar las lecciones en Yemen y Egipto. Las únicas elecciones democráticas egipcias llevaron a los Hermanos Musulmanes al poder; sin embargo, el decrépito general Al Sisi les propinó un golpe de Estado. Ni la Unión Europea (cristiana) ni Estados Unidos dijeron nada.

Lo mismo ocurre en Yemen, un campo de batalla con dos presidentes, el socio de Arabia Saudita y el amigo de Irán.

Los efectos migratorios no se hicieron esperar, y junto a ellos florece un puñado de partidos políticos racistas. Bajo este entorno, los 240,000 migrantes que la Unión Europea pensaba repartir entre 26 países miembros (Italia y Grecia no están en la lista debido a que son dos naciones escala para los migrantes sirios, afganos y eritreos) no han logrado su objetivo.

Así llegamos al día de hoy; las “bromas” y fake news del Brexit de Nigel Farage, el racismo de Matteo Salvini y los destructores de Schengen: Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia, junto a su nuevo aliado, Austria.

Ante la debilidad y posible caída de Merkel en los próximos meses, Macron comienza a dar motivos para creer que él será quien cargue con la UE en su espalda. Un ejemplo es la creación de una fuerza militar entre varios países de la UE.

La mala noticia para la UE es que ya perdió a uno de sus aliados estratégicos, Estados Unidos. Los paradigmas de Steve Bannon se multiplican como franquicias en Europa.

Tenemos que reconocerlo: Europa está en riesgo.

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.