El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, estará cuatro años más en la Casa Blanca. La promesa de cambio que lo llevó a la Presidencia en el 2008 sigue siendo cuestionada por no haber resultado lo que millones de estadounidenses esperaban. Una vez más, la evidencia muestra que las buenas intenciones y la retórica no bastan para transformar un sistema.

Independientemente de la euforia que provoca una ceremonia de investidura, es importante ver más allá de lo superficial para entender las oportunidades y riesgos de la nueva administración de Obama. La política económica del presidente Obama, supuestamente dirigida a generar más oportunidades y equidad para los que menos tienen, resulta una contradicción en sí misma, pues ha provocado exactamente el efecto contrario.

El camino para lograr el desarrollo de los que menos tienen y para alcanzar la prosperidad es uno de mayor libertad, no de más regulaciones, más intervención y gasto del gobierno, más impresión de dinero, más impuestos y más deuda.

En el mediano y largo plazo, todo esto resulta perjudicial para aquellos a los que supuestamente se quiere ayudar más. El discurso del estado de bienestar que desemboca en una política de división entre clases resulta la antítesis del sueño de Martin Luther King.

El presidente Obama se enfrenta a retos internos y externos que seguirán poniendo a prueba su liderazgo y capacidad de generar un cambio verdadero. En términos económicos, el desempleo y la deuda son dos grandes sombras que opacan su administración. No se ha logrado una recuperación significativa de los puestos de trabajo perdidos durante la crisis y la deuda sigue creciendo de manera desenfrenada.

Los últimos atentados han puesto el dedo sobre el control de armas, tema que no podrán seguir ignorando. Para mantener el apoyo de los hispanos que le depositaron su confianza a través del voto, el presidente Obama tendrá que invertir capital político para cumplir a más de 11 millones de indocumentados que esperan una reforma migratoria.

Los retos externos van desde la crisis de Siria y la crisis económica de la Unión Europea, hasta el retiro de Afganistán recientemente anunciado por el Presidente, el programa nuclear de Irán y el nuevo papel de la creciente potencia china.

¿Será capaz el presidente Obama de liderar su país y hacer frente a estos retos de manera más efectiva que en los primeros cuatro años? Eso está por verse.

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