Las cosas son como son, pero pueden cambiar .

D. Bonhoff, Die Wahrheit.

Obama ganó la elección para gobernar otros cuatro años a Estados Unidos. Será, se prevé, un periodo más creativo. Se dibuja un horizonte progresista al interior y en el mundo. México, parece, se encuentra frente a la oportunidad de hacerse escuchar. Una posibilidad que se tiene que construir y negociar. Comenzando desde adentro, o sea, lanzarse a la iniciativa.

En primer lugar, el tema del combate al narcotráfico que para el país significa recuperar la seguridad. Un tema global y que regionalmente México tendrá que liderar. Se tendría que promover con celeridad, léase, durante el primer semestre del 2103, un acuerdo regional del gran consumidor de drogas y vendedor de armas, de los países sudamericanos productores y de los territorios de tránsito, Centroamérica y México.

La columna vertebral de ese acuerdo sería una fuerza multinacional de combate al narcotráfico bajo un mando con el mismo carácter. Si bien durante el sexenio que termina los resultados efectivos de este combate en México han sido magros, ya se observa que para disminuir costos el trasiego ilegal de drogas se traslada a Centroamérica y el Caribe. Lo cual agrava la situación en la frontera sur. Los objetivos son reducir la violencia, neutralizar los poderes ilegales y elevar la eficiencia de la justicia. La legalización del consumo de drogas, por su complejidad, es para el largo plazo.

En segundo lugar, el TLC con Estados Unidos y Canadá ha de ampliarse hacia la alta tecnología y la investigación científica. Se debe abrir a la circulación del conocimiento. Los centros de investigación de ambos países intercambiarían ampliamente resultados de las investigaciones e investigadores. Los alumnos mexicanos de posgrado en Estados Unidos tendrían que llegar en seis años a 100,000 o 200,000 en lugar de los 30,000 actuales.

En tercer lugar, inducir un gran proyecto en la frontera con Estados Unidos. Frontera del por-venir , podría llamarse. Un enorme territorio de 3,000 kilómetros de largo y 300 de ancho, de productividad incalculable gracias a la alta tecnología, con universidades y centros de investigación enlazados a la producción, con telépolis virtuales, con grandes centros de cultura y creación artística, y eficientemente comunicado para ser gozne entre Pacífico y Atlántico, y entre norte y sur del continente. Hacer las cosas de otra manera. Oír el devenir. A eso llegan los nuevos gobiernos en ambos países.