No es fácil definir la nueva política energética mexicana. Hay una evidente afinidad con conceptos clave como nacionalismo energético, monopolio y estatismo. Pero, no se han ejecutado de forma tan pura. A pesar del nacionalismo, se puede hablar de políticas que favorecen la generación eléctrica con gas importado, sobre el sol o viento mexicano. A pesar del gusto por el monopolio, la CFE le está compitiendo fuerte a Pemex en algunos mercados. Y a pesar del estatismo, se sigue permitiendo la inversión privada, al menos en papel.

Hay que seguir otra pista. En el nuevo contexto, la nostalgia —el intenso deseo de renacer las glorias del pasado— es una emoción recurrente. A Pemex le gustaría revivir su posición en la época de oro de Cantarell y a la CFE la de desarrollo desenfrenado de infraestructura y grandes hidroeléctricas. Pero, los pocos miles de millones de dólares que va a tener la CFE para desplegar en Capex durante el sexenio demuestran que no estamos ni cerca de aquellos tiempos. La ambiciosa agenda de desarrollo de 20 campos prioritarios de Pemex, que combinados no aportarán mucho más que un par de cientos de miles de barriles diarios, también.

Lo que realmente parece definir la nueva política energética mexicana es una guerra, a partir de los prejuicios y preconcepciones propias de la generación de los Baby Boomers mexicanos forjados profesionalmente en los años 70, contra lo nuevo, lo innovador y lo competitivo. Se trata de una ofensiva unilateral, abiertamente declarada por medio de las acciones de autoridad en el caso del sector eléctrico y tácitamente implícita en las del sector petrolero. Es una guerra que tiene tres frentes.

El primero consiste en establecer límites a la participación de los privados a partir de métricas y parámetros arbitrarios, a modo. Este es el caso de la suspensión de las rondas y las subastas de largo plazo de energía eléctrica, que no buscan más que detener de golpe el crecimiento de la producción privada de energía. En el caso de la CFE, el argumento llega a ser más radical: su director general ha llegado a pedir abiertamente que se limite explícitamente la participación de nuevas tecnologías como las renovables.

El segundo frente busca desequilibrar la balanza en contra de la competencia y a favor de los monopolios. En contra de lo que establece el marco jurídico vigente, Pemex acaba de recibir una gran cantidad de asignaciones de exploración en bloques en los que se ha demostrado que no tiene capacidades para invertir. En vez de licitar competitivamente las áreas, como lo marca la ley en su regla general, se prefirió adjudicar injustificadamente a Pemex. También, hay preocupaciones sobre un posible tratamiento regulatorio preferencial hacia los jugadores dominantes, que favorecería a los permisionarios cuando estén afiliados con Pemex en materia de petrolíferos. En electricidad, la CFE ahora recibe certificados en sus plantas viejas de generación limpia. Los privados no. La CFE también está reconfigurando la organización de sus subsidiarias de generación para ejercer mayor poder de mercado —el sueño de un Boomer.

El tercer frente, el más agresivo, implica generar afectaciones económicas directas en contra de los proyectos nuevos. El mejor ejemplo es la reciente saga de los gasoductos, que pretendía alterar los contratos unilateralmente. Le han seguido la destrucción de valor de CEL y los preocupantes rumores de cambios en las fórmulas para calcular los precios de porteo o potencia, que mandarían a muchos proyectos recientes a la ruina.

Haríamos mal los Millenials como yo en ignorar las valiosas aportaciones de los Boomers a lo que hoy tenemos. Haríamos peor si renegamos de nuestra historia, buscamos destruir las industrias existentes a partir de un idealismo insostenible o dejamos de reconocer a los muchos Boomers con visión e ideas de futuro. Pero es inaceptable que nuestro presente y futuro se trace bajo la lógica boomer que ignora mucho de lo que hoy debe ser prioridad.

Hoy importa, más que nunca, cuidar el medio ambiente, crear valor de forma competitiva y colaborativa, ser transparentes y sustentables. ¿OK, boomers energéticos?

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell