No hay tal. La novedad en la reforma financiera propuesta por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reside en otras cuestiones: I) en reconocer que la organización para vigilar a los intermediarios era muy imperfecta en el mundo y en particular en Estados Unidos; II) en que es intolerable que el sistema financiero trabaje con base en (inmensas) ganancias privadas y desem­boque a veces en inmensas pérdidas que pagan los contribuyentes.

La crisis financiera ha dejado lecciones muy importantes. Una, que podría ocurrir una quiebra global del sistema bancario y que los gobiernos del mundo están obligados a tomar las medidas necesarias para evitar esa eventualidad.

Es natural que la reforma financiera de Estados Unidos llame en particular la atención. La razón es ni más ni menos porque se trata de la economía nacional más grande del orbe, el ámbito en que detonó la reciente crisis financiera y además donde se llegó a extremos más increíbles de manga ancha fue precisamente en ese país.

Los bancos y los intermediarios financieros -o más concretamente, quienes los manejan- pueden llegar a tomar riesgos verdaderamente excesivos.

Por la razón anterior es que se requiere adoptar una serie de esquemas precautorios y de transparencia.

Respecto de lo primero, los intermediarios requieren en general de mayor capital para cubrir posibles pérdidas y de mostrar con mucha exactitud el monto de los riesgos a que están expuestos.

Después de la traumática experiencia reciente, se ha intensificado la preocupación porque los intermediarios y el sector estén sujetos a una supervisión más estrecha y efectiva.

Resulta muy conocido que uno de los elementos que falló y contribuyó a exacerbar la crisis económica del mundo fue la incapacidad de las agencias calificadoras para detectar y poner en evidencia los inmensos riesgos de crédito que se habían tomado previamente y que se ocultaban tras productos financieros novedosos que las autoridades apenas conocían.

La conclusión es lúgubre, pero hay que afrontarla. La muy profunda crisis económica que resintió el mundo en los meses anteriores, con sus enormes pérdidas, no dio lugar a que ningún banquero fuese a dar con sus huesos a la cárcel. Por esa razón es que los gobiernos tienen que intervenir con mayor energía y clarividencia con el fin de evitar que vuelva a ocurrir.

[email protected]