Invertir nuestro dinero es importante para formar nuestro patrimonio. Invertimos para proteger su poder adquisitivo, para hacerlo crecer, para construir o para generar. Pero no para arriesgarlo o para apostar.

Desde luego, todo en la vida tiene riesgos. Salir de casa los tiene, quedarnos en ella también. Invertir no es la excepción. Pero el riesgo siempre se puede medir, conocer y controlar. 

Antes de poner tu dinero en cualquier instrumento, tienes que comprender cómo funciona, cuáles son sus riesgos y su rendimiento potencial. También debes entender qué tanto hace sentido incorporarlo en tu portafolio y cómo lo afecta.

Es la única manera de tomar una decisión informada y de evitar sorpresas negativas. En el camino he visto muchísima gente que ha perdido mucho dinero simplemente por no saber en qué se estaba metiendo. Personas que compran sólo porque algo ha subido mucho y porque han visto cómo otros han ganado mucho con ese instrumento. Se quieren subir al mismo barco y lo hacen justo en el punto más alto, sin entender lo que están haciendo. Sólo quieren ganar también, como los demás. 

Aún si no fuera un mal instrumento, invertir de esa manera nunca lleva a nada bueno. Porque los mercados tienen ciclos y cuando los mercados caen, las personas se asustan y venden. Empiezan a culpar a otros. Por eso pierden dinero. Compran caro, cegados por la ambición y venden barato, para no seguir perdiendo. 

Invertir no se trata de eso. Para nada. Uno invierte para formar un patrimonio y esto no es de la noche a la mañana: se logra en el largo plazo. Se trata de ahorrar de manera constante una cantidad fija cada mes (que puede subir a medida que nuestros ingresos aumentan) y poner ese dinero en un portafolio diversificado que previamente hemos definido y que se ajusta a nuestros objetivos, horizonte de inversión y tolerancia al riesgo.

Nada más. No importa si las acciones están caras o baratas. Hacemos una aportación constante y rebalanceamos cada año, para que nuestro portafolio mantenga la ponderación que debe tener en cada tipo de instrumento, cada clase de activo. 

Hacer esto significa tomar decisiones basadas en la razón, no en la emoción y no en el calor del momento. 

¿Estás diciendo que nunca puede cambiar el portafolio que definimos hace cinco años? Para nada. Siempre hay momentos en los que podemos revisar, reevaluar la composición de nuestro portafolio, para ver si sigue haciendo sentido. Por ejemplo, cuando estamos jóvenes podemos tomar más riesgo (incorporar un mayor porcentaje en activos que tienen mayor potencial de rendimiento, pero que también son más volátiles). En edades más maduras, nuestro portafolio debe hacerse más conservador: son etapas en las cuales la preservación de capital toma mayor relevancia.

Personalmente reevalúo mi portafolio de inversión cada año. Hago pocos cambios, aunque he llegado a incorporar nuevas clases de activos —como las criptomonedas— en una proporción que hace sentido para mí.

En general, invertir es un proceso mediante el cual tenemos que tomar decisiones informadas que nos lleven a alcanzar nuestro objetivo de inversión y nos permite mantener el riesgo controlado. No es perseguir rendimientos ni intentar ganar más que los demás o tomar riesgos que no conocemos. No pongamos en peligro nuestras metas. 

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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