La posibilidad de que el TLCAN concluya es real. Pasamos de una etapa en la que parecía posible que Trump permitiera que las negociaciones técnicas avanzaran y que tuviera un acuerdo que fuera, al menos, aceptable. Peor aún, es posible además que Estados Unidos ignore las decisiones de la OMC y, entonces, el comercio con ese país sea todavía más complicado. En otros bloques comerciales la situación no es mejor, no sería una sorpresa que pronto Italia inicie una ruta de salida de la Unión Europea.

El panorama global será cada vez más proteccionista. Lo es por culpa de oportunistas demagogos, como Trump y un sector del partido conservador británico, pero también porque el tipo de globalización que vivimos genera, además de beneficios, costos que no se distribuyen igual en la sociedad. Eso es, de hecho, lo que hemos vivido con el TLCAN. Se generó un sector manufacturero muy sofisticado, capaz de detonar la economía de la región centro-norte y centro-occidente del país, pero sin conexión con el resto de las regiones y con un bajo contenido nacional de las exportaciones.

En realidad, no logramos consolidar una industria capaz de competir a escala global con productos propios. Un TLCAN con políticas industriales efectivas pudo haber potenciado sus beneficios y minimizado sus costos. La respuesta evidente ante un entorno global que va a dificultar el comercio es una política industrial inteligente.

El gobierno británico, por ejemplo, para hacer frente al Brexit, presentó la versión definitiva de la Estrategia Industrial del Reino Unido, basada en la innovación. La Estrategia contempla cuatro grandes desafíos nacionales en donde una cantidad importante de recursos públicos deberán canalizarse: 1) Inteligencia Artificial y Economía de Datos; 2) Futuro de la Movilidad; 3) Crecimiento Limpio; y 4) Envejecimiento de la Sociedad. Es decir, se plantea una política industrial basada en misiones, en la que las acciones para solucionar los problemas nacionales son también formas de generar ventajas comparativas endógenas y mayor crecimiento.

Otro caso es Estados Unidos, donde los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders impulsan diferentes planes de Trabajo Garantizado -Job Guarantee- para proveer empleo para toda persona que quiera trabajar con un salario de 15 dólares/hr en actividades relacionadas con el desarrollo de infraestructura, el combate al cambio climático, el sector salud y otros servicios públicos que se han deteriorado en ese país.

Incluso, el Plan de Trabajo Garantizado que se propone es considerado como una estrategia para vencer a Donald Trump en las próximas elecciones presidenciales de 2020.

México debe transformar al sector público en un sistema dinámico que instrumente una política industrial moderna, en colaboración con el sector privado, que genere nuevos mercados, transforme los ya existentes y resuelva la precarización y el empobrecimiento del mercado laboral.

El sector privado ya ha pedido acciones como un banco de desarrollo para la industria, impulsar la ciencia, tecnología e innovación, así como mayor inversión en infraestructura y gasto público de mayor calidad. Nuestros grandes retos nacionales, la movilidad en la ciudades, el estrés de agua, la carencias de infraestructura en el sur del país, la enorme dependencia de alimentos y energéticos importados, son misiones que se pueden resolver con políticas de fomento industrial que nos hagan crecer más y ser más competitivos.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.