El golpe de Estado a la Asamblea Nacional de Venezuela, el único órgano sin control del chavismo, perpetrado por el dictador Nicolás Maduro, fue un manotón de ahogado de un régimen que todos los días lucha para poder sobrevivir. Pero esta vez, fue una agresión tan grosera y despreciable contra un solitario poder democrático, que hasta recibió críticas de los pocos gobiernos de América del Sur que le han dado oxígeno.

Las imágenes difundidas el domingo 5, que muestran al líder opositor Juan Guaidó intentando saltar unas rejas en la entrada del recinto unicameral y una guardia pretoriana impidiéndole el paso para que no pudiera jurar como nuevo titular de la Asamblea Nacional, y por tanto, renovar su cargo como presidente encargado, es un nuevo triste episodio de un gobierno autoritario que ha convertido a Venezuela en una república bananera vestida de socialista.

El golpe de Maduro para evitar que Guaidó siguiera liderando el único bastión institucional elegido en elecciones legítimas, dejó a una Asamblea Nacional con un presidente impuesto de manera fraudulenta y otro electo democráticamente.

El régimen pergeñó una vil maniobra para elegir a un oscuro diputado como presidente de la Asamblea Nacional, Luis Parra, que se transformó en una farsa al no obtener el mínimo de 84 votos que exige el cargo ni respetar las reglas establecidas para tal designación.

Parra, diputado electo por el partido Primero Justicia, integrante de la opositora Mesa de la Unidad Democrática, pero expulsado en diciembre por denuncias de corrupción en confabulación con empresarios próximos al régimen de Maduro.

La sesión legislativa se desarrolló en medio de amenazas, insultos y empujones, sumada la ausencia de casi 40 medios independientes que no fueron acreditados por orden del Ministerio de Comunicación de Nicolás Maduro, según información en Caracas.

La mayoría de los miembros legítimos de la Asamblea Nacional improvisó una sesión en la sede del diario web El Nacional, donde 100 diputados aclamaron a Guaidó y lo ratificaron en el cargo.

Guaidó también renovó el apoyo de Estados Unidos, países de la Unión Europea y el Grupo de Lima, que desconocieron la fraudulenta elección de Parra.

La evidente profundización de la ruptura institucional no dejó otro camino a la administración de Uruguay que la de criticar la actitud de Maduro por la “conculcación de los derechos de los diputados de la Asamblea Nacional” venezolana tras “la acción de la Guardia Nacional Bolivariana”, en un comunicado inusualmente crítico de la Cancillería de nuestro país (Uruguay) sobre el accionar del gobierno venezolano.

Advirtió, asimismo, que de ese modo “se dañan seriamente los esfuerzos de la comunidad internacional para colaborar con los venezolanos, a través del diálogo y la negociación”.

Un punto de vista que comparte el presidente de Argentina, Alberto Fernández, cuyo gobierno consideró “inadmisibles para la convivencia democrática los actos de hostigamiento” sufrido por diputados, periodistas y diplomáticos, acciones que condenan a Caracas “al aislamiento internacional”.

Parecería que la jugada antidemocrática favoreció más a una oposición, que ha tenido un enorme desgaste en la lucha contra una dictadura que no da tregua, lo que renueva las esperanzas de la caída del dictador.

@ObservadorUY