El sistema financiero será más pequeño para adaptarse al tamaño del mercado. La deuda de la IP es alta.

Tras seis años de crisis financiera internacional, el mundo en que vivimos ya no es el que era. Todos los agentes económicos son ahora más conscientes de que los mercados pueden fallar, de que las grandes entidades pueden hundirse y de que los riesgos existen y pueden materializarse.

El sistema bancario español no es ajeno a estas tendencias y tendrá que afrontar un nuevo entorno, en el que las condiciones no serán tan benignas como lo eran antes de la crisis ni tan extremas como lo son en la actualidad. ¿Cómo será entonces la banca del futuro?

En primer lugar, el sistema financiero será más pequeño para adaptarse al nuevo tamaño de su mercado. El endeudamiento del sector privado es excesivo, pues aún estamos muy por encima de la media europea. Sin embargo, este desapalancamiento debe hacerse compatible con un mayor flujo de nuevo crédito a los sectores que más estén aportando a la economía, como el exportador.

Al mismo tiempo, el sector bancario estará más concentrado. Ahora bien, el que haya menos entidades en España es compatible con una mayor competencia, ya que la integración europea hará que el mercado en el que se opere sea cada vez más europeo, no tan doméstico. Los grandes beneficiados de esta tendencia serán los clientes, que tendrán acceso a mejores servicios bancarios.

Previsiblemente, la banca se hará más minorista, al ser un negocio considerado menos arriesgado, y la mayor regulación hará que proliferen los servicios de banca de inversión en entidades que no serán bancos. Por ejemplo, las empresas tenderán más a emitir deuda y menos a pedir créditos, lo que será una buena noticia porque reducirá la tradicional dependencia del tejido productivo europeo de sus bancos. Sin embargo, el reto es que no se fomenten los sectores poco regulados, que son potencialmente peligrosos (la llamada banca en la sombra ).

En cualquier caso, el endurecimiento de la regulación afectará a todo tipo de entidades. Los bancos, tradicionalmente muy regulados, lo estarán aún más. A corto plazo existe un trade-off entre estabilidad financiera (con reglas muy estrictas) y eficiencia bancaria (con reglas menos estrictas) que los reguladores no deberían perder de vista. No obstante, a largo plazo sólo puede ser estable un sistema financiero eficiente, luego ambos objetivos deben equilibrarse.

También hay que tener en cuenta que las entidades afrontarán un entorno de rentabilidad más exigente, en el sentido de que habrá una mayor recompensa para los que lo hagan bien, pero un mayor castigo para los que lo hagan mal. Esto supone una mayor dispersión entre entidades. Sólo aquellas que sean capaces de anticipar los cambios de la industria y de adaptarse a ellos cuanto antes podrán tener un modelo de negocio de éxito en la banca del futuro.

Ahora bien, entre los riesgos de la banca del futuro estarán las pérdidas de eficiencia y las amenazas a la competencia que puede generar que parte del sistema siga en manos públicas, especialmente en Europa.

La historia de otras crisis bancarias muestra que la gestión pública de las entidades puede generar ineficiencias y dañar a la competencia. Por eso es importante devolver las entidades a manos privadas, de forma que el sector pueda centrarse en su tarea primordial en estos momentos, que es apoyar a la recuperación económica con una provisión eficiente de crédito.

No todas las entidades parten ahora en la misma posición. En una mejor situación están los bancos internacionales, que emprendieron la senda de la expansión hace tiempo y disfrutan ahora de las ventajas de la diversificación.

También parten con ventaja las entidades que sepan aprovechar las enormes ganancias de eficiencia que la tecnología brinda como vía para extraer todo el valor de la materia prima del negocio bancario: la información.

El sistema bancario es parte integrante de la economía y de la sociedad en un mundo cambiante, por tanto debe evolucionar con él. Sólo las entidades que entiendan y anticipen los cambios serán las que tengan un modelo de negocio exitoso y sigan atendiendo las necesidades de la clientela. A un nuevo entorno corresponde una nueva banca.

*Economista jefe de Sistemas Financieros. BBVA Research.