De acuerdo con los informes del INE, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, obtuvo 30 millones de votos aproximadamente; pero hoy si preguntamos por quien votamos para elegir presidente de la República, ese monto se va como hasta 90 por ciento. Así somos los mexicanos, nos gusta festejar y vamos a las fiestas, aunque no nos inviten; es decir, jalamos para donde nos conviene, siempre con chistes y optimismo (excepto la delincuencia, que no entra en este juego).

Hoy celebramos que,en vez de manifestaciones de rechazo por el triunfo electoral del nuevo partido Morena, haya adhesiones, lo que legitima con transparencia a quién se le ha confiado el destino de México. Los mexicanos mostramos un alto grado de civilidad con una jornada electoral pacífica guiada por el INE y el trabajo impecable de sus consejeros, con su presidente, Lorenzo Córdova, merecen el reconocimiento de la ciudadanía extensivo al gran equipo que formaron con más de millón y medio de colaboradores. Sin duda, mucho lamentamos la mancha roja en el proceso con los homicidios de víctimas con distintos cargos o representaciones, militantes de varios partidos, ocurridos en la mayor parte del país y que no deben quedar impunes.

Hoy tenemos que salir adelante y para ello se requiere que las manifestaciones de adhesión sean verdaderas y no de dientes para afuera como algunas parecen, por lo que les concederé el derecho a la duda para vitorear, no una reconciliación como le llaman muchas personas, organizaciones y medios, sino la unidad nacional. Los mexicanos no estábamos peleados; teníamos, como en toda democracia, discrepancias importantes que no van a desaparecer, porque la ideología y los intereses no cambian de un día para otro; lo que sí puede cambiar es el modo de defenderlos y promoverlos con absoluto respeto. Por otra parte, manifiesto mi contento y optimismo por la importante participación de mujeres, por lo pronto en el gabinete anunciado y en la composición del Poder Legislativo Federal, así como la presencia de un buen número de egresados de la UNAM en las propuestas del presidente electo.

El voto mayoritario no puede defraudarse; las promesas de campaña seguramente se cumplirán por AMLO y por sus más allegados colaboradores, con el deseo de que cada uno vigile a sus colaboradores y que la composición burocrática completa se comporte a la altura de la honestidad pregonada. En cuanto a otros organismos creados precisamente para erradicar y sancionar la corrupción y la ilegalidad, México exige honestidad y capacidad tanto en el sector público como en el privado, pues en este último también hay arroz por cocinar; por lo pronto, en estos cinco días experimenté personalmente aumentos de precios injustificados y pretextos para incumplir facilidades ofertadas en la compra de un auto en agencia. En el sector público, además de las dependencias encargadas de cuidar los recursos públicos y el buen funcionamiento, entre ellas: la Secretaría de la Función Pública, la Auditoría Superior de la Federación, Profeco, el Sistema Nacional Anticorrupción, el INAI y el Sistema Nacional de Transparencia con la participación de los órganos garantes estatales. Y en este punto quisiera subrayar la importancia de su autonomía constitucional. Una autonomía no para privilegios, no para camaraderías, no para solapar o evadir responsabilidades, sino para abrir la información a la sociedad y colaborar imparcialmente con las autoridades con transparencia y rendición de cuentas en su firme combate versus la corrupción. La transparencia es un auténtico instrumento de la honestidad pública. Los órganos garantes nacional y estatales, de transparencia, acceso a la información y protección de datos personales deben ser los grandes aliados en la rendición de cuentas y en el combate a la corrupción.