La nación helena enfrenta una deuda que equivale ?a 175% de su PIB, la mayoría en manos de gobiernos de Europa, y una tasa de desempleo de más de 25%.

De nuevo unas elecciones en Grecia centran la atención de la política europea, aunque en este caso parece que con menos dramatismo que en el 2012, cuando la posibilidad de una victoria de la coalición de izquierdas Syriza podía poner en juego la pertenencia del país a la zona euro, y con ello, la supervivencia de la propia moneda. Aquello se saldó con la victoria por la mínima del partido Nueva Democracia.

Ahora se vuelven a enfrentar Syriza y Nueva Democracia el 25 de enero, pero en este caso con ligera ventaja en las encuestas (3%) del primero.

Grecia fue el primer país que entró en crisis en la eurozona en el 2010 cuando se reveló que la situación fiscal del país era mucho peor de lo previsto. Desde entonces ha sido rescatado dos veces por el resto de los países europeos y el FMI (la troika) por un total de 237,500 millones de euros, incluyendo una reestructuración de su deuda pública.

Al mismo tiempo, se aplicó un programa de ajuste fiscal y reformas estructurales que han restaurado los equilibrios fiscal y externo, pero ha dejado una caída acumulada del PIB de 25%, y una tasa de desempleo de más de 25 por ciento.

Tras la reestructuración y los programas de ajuste, la deuda pública se sitúa en un elevado 175% del PIB, pero las cuentas públicas están en superávit primario, el déficit externo ha desaparecido y la economía vuelve a crecer.

Aun así, las dudas sobre la sostenibilidad de su deuda no han desaparecido: Grecia intentó en el 2014 volver a financiarse en los mercados privados, pero sin mucho éxito, y tiene pendiente una negociación con la troika para obtener un préstamo adicional.

Syriza ha propuesto en los últimos dos años medidas que revertirían los ajustes hechos bajo los programas de la troika, incluyendo un programa de expansión fiscal.

Además, quiere volver a reestructurar la deuda pública (ahora casi toda en manos de gobiernos e instituciones públicas europeas), lo cual es rechazado por Europa. Pero Syriza también sabe que una salida del euro (el famoso Grexit) llevaría a una fuerte devaluación con múltiples consecuencias negativas para la economía (y con pocas ventajas, dado que la base exportadora de Grecia es reducida).

Para el resto de Europa los riesgos de contagio de una deriva griega son menores que hace tres años, aunque no son desdeñables. El gobierno alemán ha dejado caer que si Grecia revierte los ajustes hechos hasta ahora no recibirá nueva ayuda y probablemente no tendrá más remedio que abandonar el euro.

Implícitamente se envía el mensaje (sobre todo a otros partidos políticos en Europa que están haciendo propuestas similares) de que no cumplir con las reglas y salirse del euro tiene un costo alto y que, a pesar del costo para los contribuyentes europeos de perder lo prestado a Grecia, el riesgo de contagio a otros países de la periferia de un Grexit es ahora mucho menor.

Esto bajo el supuesto de que los mercados habrían aprendido a diferenciar entre países y de que los avances hacia la unión bancaria en Europa protegen de un fuerte contagio financiero. Sin embargo, no es seguro que el contagio sea tan pequeño, y la salida de Grecia rompería con el tabú de la ruptura del euro, lo que puede dar lugar en el futuro a ataques especulativos a países de la eurozona cuyos fundamentales económicos sean débiles.

Tras las elecciones, lo más razonable es que finalmente se llegue a un acuerdo para el nuevo programa de ayuda. De ganar Syriza tendrá que gobernar probablemente en coalición con partidos más moderados, todos ellos favorables a la permanencia en el euro.

Muchos países europeos parecen dispuestos a una reestructuración de la deuda a través del alargamiento de plazos y rebaja de las tasas de interés, pero será difícil que acepten un programa de expansión fiscal e incrementos salariales.

Quizás haya un punto de acuerdo en la lucha contra el fraude fiscal y los grupos de interés que preocupa a todos. Pero el acuerdo no es seguro y la repetición de elecciones en el corto plazo no es descartable, por lo que la incertidumbre estará presente durante algunos meses. De ahí que toda Europa esté mirando a Grecia en este momento.

*Economista jefe para Europa en BBVA Research.