Podemos hablar de George Floyd sin ningún problema. Podemos repetir hasta el cansancio las cifras que dan cuenta de cómo los policías estadounidenses matan en mayor proporción a personas negras que a personas blancas. Eso podemos platicarlo, hacerlo cómodamente, porque la frontera supone una cierta distancia, porque podemos juzgar al otro sin esa horrible sensación que implicar vernos a nosotros mismos. Pero hablar de nuestro racismo requiere incomodarnos. Si no empezamos a movernos de un lado a otro como si algo nos picara, si no nos tocamos cabeza tratando de esquivar esas ideas que se pondrán a la defensiva, si no nos ponemos en un lugar vulnerable, no estaremos hablando de nuestro racismo, sólo estamos simulando.

En México discriminamos por muchas razones, según la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017, la apariencia es el factor principal, más del 50% de la población declaró haber sido discriminada por cómo se veía, más del doble de quienes se sintieron discriminados por la clase social (16% de las mujeres y 19.7% de los hombres).

Pensar en el racismo en México, implica para muchos de nosotros hacer tres cosas: callar, escuchar y pensar. Somos así, porque nos hemos desarrollado en un sistema cuya estructura se sostiene en el otro, siendo siempre el otro alguien a quien consciente o inconscientemente se le considera inferior. Poco importa si uno se considera o no a sí mismo racista, la televisión, las revistas, muestran sólo a un sector de la población; establecen trabajos o roles y los asignan con base en el color de piel y el género. “Sólo tenemos a cierto tipo de personas a cuadro porque somos aspiracionales”, lo oí muchas veces trabajando en televisión. Y lo que vemos, al igual que las palabras que usamos construyen la forma en la que entendemos el mundo. Estar del lado de quienes se consideran “la aspiración”, por un mero azar biológico, nos sitúa en un lugar de ventaja frente a quienes no. Eso, el tan incómodo “privilegio”, no quiere decir que nuestros esfuerzos no hayan tenido mérito, pero sí que el sistema nos colocó en una posición de mayor ventaja al iniciar la carrera.

Así que hoy a muchas y muchos nos toca escuchar, poner atención en cómo nuestras palabras, nuestras actitudes, nuestros sesgos y nuestros actos han atacado queriendo o sin querer de forma sistemática a un grupo de personas.  Nos toca preguntarnos y preguntar cómo poner un piso parejo. Nos toca voltear a ver nuestro racismo, porque si sólo nos asusta el del vecino del norte, es porque al nuestro ni siquiera hemos podido nombrarlo.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.

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