Poco a poco alrededor del mundo, a raíz de la vacunación, se reanudan actividades, se hacen concesiones sobre el uso de tapabocas, o incluso, se permite la entrada a viajeros vacunados provenientes de otros países. Aunque la pandemia aún no se acaba, existe muy probablemente un sentimiento generalizado de que la pandemia y el confinamiento como los conocíamos, poco a poco van llegando a su fin.

Aunado a esto, nos cuestionamos cómo serán nuestras vidas, nuestras rutinas, y nuestra alimentación en la era post Covid-19. Ya desde el año pasado, cuando habían pasado tres meses de pandemia, muchas personas se preguntaban sobre la vuelta a la “normalidad”, que poco a poco se sustituyó con la “nueva normalidad”. La pandemia resignificó lo que hasta entonces, era nuestra vida cotidiana, la forma de satisfacer nuestras necesidades físicas, afectivas y sociales, la manera en la que concebimos el espacio público y el espacio privado. Y al permear en nuestras relaciones e interacciones, en nuestra vida emocional, evidentemente incluyó también  replanteamientos concernientes a nuestra alimentación. En otras ocasiones hemos analizado en este mismo espacio los múltiples ejemplos y dimensiones en las que nuestra alimentación se metamorfoseó en la pandemia. 

Ahora el planteamiento general es ¿Cómo volver después de todo lo ocurrido? ¿En verdad queremos volver a la vida pre pandémica? ¿Cómo nuestra relación con la alimentación se transformó? Sea cual sea el resultado, los cambios en nuestra alimentación cotidiana obligados a raíz de la pandemia, son un llamado a replantear las prioridades que tenemos con nuestro bienestar emocional y físico.

Para muchas personas, la pandemia significó un giro radical en las vidas que conocían hasta ese momento: desde la totalidad de las pérdidas hasta la situación obligada de restablecer prioridades, estuviéramos dispuestos o no a negociar esto con la vida. Si comimos de más o de menos por ansiedad o estrés, si reactivamos o desactivamos nuestro cuerpo, si descubrimos o redescubrimos nuestro talento en la cocina, si experimentamos o no el bienestar que nos daban ciertos alimentos a nivel físico o emocional: es claro que en algún aspecto, la pandemia resultó transformadora de nuestra relación con la alimentación.

En el balance de todos estos aspectos, en algún lugar de nosotros mismos, sabemos a qué cosas sí quisiéramos regresar y de qué cosas podríamos prescindir a través de lo que nos enseñó la pandemia. 

Mientras que algunos especialistas vaticinan que los años post pandemia serán marcados por actitudes de consumo desmedido y un hedonismo exaltado, muchos otros intelectuales apuestan por el despertar de una consciencia colectiva que pueda valorar de una mejor manera la salud y los recursos naturales con los que contamos, además de la revalorización de las relaciones humanas. En otras épocas históricas a través de los tiempos después de las grandes crisis, hemos tenido las dos caras de la moneda en cuanto a la forma en la que se mueven las conductas humanas. La diferencia probablemente, en estos tiempos esté en algunas de las variables que antes no existían y que ahora inciden directamente en nuestros modos de vida, como las redes sociales, el internet, el acceso a la información y el e-commerce. Todo esto ha influido en la forma en la que nos relacionamos entre nosotros y en la que nos relacionamos con los alimentos en la pandemia. La certitud que tenemos es de la trascendencia de la transformación de este pasaje histórico en nuestras vidas.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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